La ludopatía no es un juego

La adicción a las apuestas se está volvieron un problema social cada vez mayor. Se trata de una enfermedad progresiva que puede terminar en el suicidio, pero se puede prevenir y tratar. Aprenda a reconocerla.

Por Luiyith Melo Garcìa



“Vivo, claro, en constante zozobra, juego pequeñas sumas y espero algo, hago cálculos, permanezco días enteros ante la mesa de juego y observo las jugadas; incluso en sueños no me abandona el juego. Me parece como si me hubiera insensibilizado, como si me hubiera hundido en una ciénaga...”.

Así describió Fedor Dostoyevski en su célebre obra, el jugador que llevaba por dentro. Es el mismo ludópata que se repite en los apostadores compulsivos de veinte casinos de Cali y un sinnúmero de juegos de salón y máquinas tragamonedas. Una vez adentro del casino se pierde la noción del tiempo. Un aroma lúdico, tamizado de humo de cigarrillo, luces de lámparas de cielorraso, espejos, el colorama titilante de las máquinas tragamonedas y el mágico movimiento de cartas sobre las mesas de juego parecen sedar el ambiente. Ni la señal de celular entra a ese recinto blindado.

Frente a una mesa de black Jack una mujer joven, aparentemente recién salida de la oficina, está embebida en el juego. Su lugar se ve lleno de fichas rojas de cinco mil pesos y verdes de mil. Apuesta sin tregua.En la mesa contigua cuatro hombres se juegan hasta el último peso. Sacan billetes con frecuencia para comprar más fichas porque la casa siempre gana.

Otro señor va de mesa en mesa apostando $20.000 aquí y $20.000 allá, sin suerte. Algunos se la juegan a la ruleta que paga hasta 35 veces la apuesta o al póker.Hombres y mujeres, muchos viejos y jubilados de buena condición social, permanecen horas frente a las máquinas tragamonedas tratando de desocupar su alcancía sin lograrlo.

El tiempo no corre para ellos.En el fondo del casino, trasponiendo una puerta de vidrio, está el salón de bingo. El tablero electrónico anuncia un acumulado de $3.180.000 para premiar el juego progresivo que no es más que cantar bingo antes de la balota 41. Algo difícil porque por lo regular se requiere que salgan más de 60 balotas para llenar una tabla de bingo.

En el salón se escuchan besos por todas partes. Besos al aire de los jugadores de mesa que chasquean los labios para llamar las meseras –verdaderas modelos de chaleco y minifalda que sirven tintos–, o para llamar a los gariteros del bingo y hacer sus apuestas. Mientras juegan, casi todos fuman y toman tinto o Cocacola.

En ese tipo de recintos sin relojes, suspendido en un eterno ahora, fue que marchitó su existencia Ernesto Valencia*, un profesional, miembro de una buena familia que se convirtió en ludópata y se jugó todo lo que consiguió en la vida.Ernesto empezó a coquetearle al juego en el casino del Hotel Intercontinental de Cali.

Una noche llegó con un grupo de amigos y le apostó a la ruleta y al black jack y se ganó seis millones de pesos en cuatro horas. Al otro día corrió a comprarse una moto. A los tres meses se accidentó en ese vehículo y perdió el movimiento de su mano izquierda.Quedó sin empleo y unos amigos le dieron a administrar unas tractomulas para ayudarle.

Pero Ernesto seguía jugando. Se gastó la plata que le daban para el mantenimiento de los vehículos y también la que había en una caja fuerte que estaba bajo su custodia. Solía irse cada día al ‘Cali Gran Casino’ desde las 4:00 de la tarde hasta las 7:00 de la noche a apostar. Como llegaba temprano a casa no despertaba sospecha. Aparentaba ser un esposo modelo.

Dos años después, cuando los dueños de las tractomulas fueron a venderlas estaban en precario estado, no les habían hecho mantenimiento. La caja fuerte estaba vacía. La hermana de Ernesto tuvo que hipotecar su casa para responder por la deuda.

Pese a ello, le consiguieron un nuevo trabajo, pero a los siete meses lo despidieron. No paraba de jugar. Debía $120 millones el año pasado. A principios de este año lo mataron. Dicen que por deudas de juego que no pudo pagar.
Jesús Alberto Martínez también terminó mal. Él era representante comercial para Colombia y Ecuador de una empresa multinacional de productos de aseo personal. Cada vez que venía a su Cali natal solía jugar en los casinos del centro.

Su madre recuerda que una vez se quedó tres días en la ciudad, supuestamente finiquitando unos negocios. Llegaba a la madrugada a la casa y al mediodía volvía a salir. Así lo hizo dos días y dos noches hasta que la tercera noche, ya de madrugada, llegó a su casa y se disparó un tiro en la cabeza.
Le había jugado $40 millones a las cartas y la ruleta y los había perdido. La primera noche perdió siete millones, la segunda noche quince millones. Y, la tercera, se jugó el dinero que había recogido de la compañía, tratando de recuperar lo que había perdido las dos noches anteriores. La única salida que encontró a su tragedia fue el suicidio.Como ellos, miles de personas están atrapadas por el juego. Son ludópatas y arrastran a su familia en el carrusel de su tragedia.

En Colombia no hay estadísticas de jugadores porque el problema no es aún muy visible. Pero en España, donde el juego de azar cautiva a buena parte de la población, se estima que el 3% de los habitantes tiene problemas de ludopatía (adicción obsesiva al juego de apuestas).

Fatal enfermedad
La psicoterapeuta Vilma Rengifo sostiene que la ludopatía es una enfermedad grave y progresiva. No todos los que juegan son ludópatas, pero sí lo son quienes como Ernesto tienen una adicción al juego. O aquellos que como Jesús Alberto, le apuestan obsesivamente al juego por la necesidad de recuperar una pérdida económica (ver recuadro sobre ludopatía).
“Sobre todo a juegos que implican asumir riesgos económicos con posibilidades de ganancias inmediatas, lo cual facilita la aparición de conductas problemáticas. El juego patológico es por necesidad, el juego normal es por placer”, advierte la terapeuta.

Rengifo precisa que el ludópota se reconoce por tres características principales. Primero, tiene una discapacidad reconocida para resistir el impulso de jugar. Segundo, experimenta, al mismo tiempo, tensión física y psicológica, estrés, sudoración, se le seca la boca, los labios y le tiemblan las piernas. En tercer lugar, siente placer pronunciado al jugar y alivia la tensión al entrar al sitio de juego. “Es decir, mantiene un comportamiento obsesivo compulsivo y hasta que no satisface el deseo de jugar no descansa; pero también siente mucha culpa cuando sale del sitio de juego”, precisa Rengifo.

Eso es lo que le pasa a Victorino, un afrodescendiente que no sale del gran bingo del centro, en la Carrera 4 con 9. El hombre no duerme apostándole a la suerte y no se siente bien hasta que no llega al salón de juego. A las ocho de la mañana del pasado miércoles, él y más de medio centenar de personas permanecían ‘clavadas’ a sus mesas, haciéndole fuerza a las tablas de juego para que les dieran fortuna.

A esa hora, Victorino estaba trasnochado y se quedó dormido sobre las tres tablas de bingo que jugó toda la noche hasta el nuevo día. No se había bañado y tenía la ropa sucia y una bolsa plástica al lado. El bingo es su forma de vida y su esperanza de fortuna desde hace varios años.En las quince columnas que franquean el gran salón de juegos cuelgan ventiladores y monitores de circuito cerrado de televisión, que muestran la balota que va saliendo.

En un rincón hay un hombre jugando sobre un mesón de concreto, frente a un espejo y dos imágenes de Jesucristo. Un viejo golpea ansiosamente una de las cuarenta máquinas de monedas tratando de extraer su contenido. Los gariteros corren de un lado a otro recogiendo apuestas. La adrenalina de un grito: ¡bingo!, ilumina el rostro de algunos y enoja a otros. Pero todos terminan por cazar su nueva apuesta. Es su círculo vicioso.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de sus responsables.



TESTIMONIOS DE LUDÓPATAS

“Cada noche me jugaba la vida”“Me inicié desde muy niño en el juego. Comencé jugando bolas, era compulsivo, tenía los bolsillos llenos de bolas A los 20 años jugaba de todo lo que me ponían. Luego llegaron las máquinas y ahí fue el problema para mí.Yo comenzaba a trabajar a las dos de la mañana (comerciaba fresas) y a las ocho ya estaba entregado todo; no había más que hacer sino jugar. En mi casa no notaban lo del juego, pero el problema iba por dentro.

Comencé a endeudarme, a quedarle mal a los acreedores, a pedir prestado al uno para pagarle al otro y eso fue un lío. Luego, me vine para el centro de Cali y ahí toqué fondo. Cómo es posible que cobraba mi plata a las 5:00 p.m. y a la una de la mañana ya estaba pelado. Vivía en El Diamante y me tocaba irme a pie. Y por donde yo quisiera irme era peligroso, siempre me tocaba pasar la olla, jugándome la vida tarde en la noche por el juego.
Eso fue un sufrimiento tenaz y pasaron muchos años. Salir de esto por voluntad propia no se puede. Busqué ayuda en un grupo de estos de doce pasos y esto cambió mi vida, aquí me enseñaron a quererme y a perdonarme”.
Orlando, jugador anónimo


“Lo que menos se pierde aquí es plata”“No realizo la primera apuesta desde el 6 de noviembre del año pasado cuando decidí buscar ayuda en Jugadores Anónimos. He visto los cambios al no estar en un casino gastándome no sólo el dinero que, en últimas, es lo menos que se pierde; allá se pierde la integridad física, los valores, la familia, el sentido de la vida. Nunca pensé en suicidarme, he conocido de algunos que sí y eso me hace abrir los ojos.
Empecé jugando a los 17 años de manera compulsiva (tengo 31 años), y me cogió ventaja rápido... Trabajaba para financiar el juego y le daba mal uso a mi dinero, poco a poco se fue incrementando la enfermedad hasta llegar a robar, a mentir para conseguir dinero, a auto justificarme porque decía que estaba trabajando y que merecía una diversión...
Podía pasar dos, tres meses sin ir al casino, pero llegaba el momento y cuando me metía gastaba lo de tres meses: tres, cuatro, cinco millones de pesos de apuestas en una noche, dinero que no era mío, ya estaba destinado para mis compromisos mensuales. Un día mi compañera me pone contra la pared y dice que si no cambio mi forma de vida, la relación queda allí. Entonces decido pedir ayuda y cambiar mi vida.
Miguel, jugador anónimo

“Quería venirme del casino y no podía”Pasé muchas dificultades con el juego por muchos años. También perdí muchísimo. Hace tres años que no juego ni chontico, ni rifas, ni loterías, ni nada de eso. Para mí es satisfactorio ya tener qué comer, no salir con mentiras en la casa. Hoy en día soy otro y he podido salir adelante. La adicción al juego es una enfermedad, pero pude salir adelante.

Empecé muy niño y pasaron los años y no podía parar.A la gente le resulta difícil entender que uno esté en el casino y no pueda dejar de jugar; querer venirme para la casa y no poder. Hasta que no me gastaba todo no salía, y ya salía era a pedir para el pasaje para irme para la casa.
La ultima vez salí muy comprometido conmigo mismo con los ojos encharcados y le pedí a mi poder superior que me ayudara a salir. Hace tres años no juego y eso es una bendición. Sin juego se puede vivir.
Jorge Eliécer, jugador anónimo

FRASES:
“La adicción al juego es la peor de todas porque se puede consumir en seco, sin otra sustancia acompañante porque el cuerpo la genera con la excitación que produce el jugar."
Miguel,ex jugador compulsivo

“El internet puede ser un gancho para el juego. No hay apuestas, pero predispone. Aunque en el jugador influyen otros elementos de personalidad como el control de impulsos, educación, manejo y resolución de conflictos
Orlando, ex jugador compulsivo




¿Cómo se llega a la ludopatía?
Se conoce como juego patológico, ludopatía o adicción al juego, al tipo de juego que implica asumir riesgos económicos con posibilidades de ganancias inmediatas y que facilita la aparición de conductas problemáticas. El juego patológico es por necesidad, el juego normal es por placer.

La ludopatía se caracteriza por el aumento de la frecuencia y del dinero invertido, las complicaciones crecientes (ruina económica, ruptura de relaciones familiares, por ejemplo), la pérdida de control, el grado de malestar, la incapacidad de abstenerse, la disminución de la satisfacción y una gran dificultad para frenar los deseos de repetir.

El psicólogo Fernando Azor Lafarga, director del Centro de Psiquiatría y Psicología Clínica y Jurídica de España, recuerda que “el juego se inicia generalmente en la adolescencia, aunque puede ser también antes o después, y se pasa de unas primeras apuestas a una falta de control total”.

En esta evolución, Azor precisa que el jugador pasa por tres fases: Fase de ganancia: las primeras ganancias le producen una gran excitación y expectativas de que puede aún ganar más dinero. Esta fase puede durar desde varios meses hasta varios años.Fase de pérdida: con el fin de lograr mayores premios, cada vez arriesga más, perdiendo tanto más cuanto más apueste. Su accesibilidad al préstamo hace que el jugador siga jugando cuando ya se ha gastado su dinero.

Cuando las deudas se acumulan, el jugador sólo ve una opción para ganar y recuperarse: el juego. Ahora ya no juega para ganar sino para recuperar lo perdido. Esta situación hace que entre en una espiral. La única posibilidad para recuperar el dinero es conseguir más dinero, sólo ve posible conseguirlo jugando, y para esto hace falta más dinero.Fase de desesperación: el juego alcanza una gran intensidad, el jugador vive sólo para jugar. Se despreocupa de la familia, amigos y trabajo. Aumenta los riesgos y puede verse implicado en problemas financieros y legales: cheques sin fondos, apropiación de dinero, acudir a prestamistas, pequeñas estafas, etc. Se incrementa el nerviosismo en el jugador, duerme poco, está irritable y su vida le resulta poco placentera.

Todo esto produce en el jugador un estado de pánico (por sus deudas, deseo de devolver el dinero, problemas familiares, etc.). En este punto, el ludópata busca ayuda o termina por suicidarse.Hoy hay más mujeres en los casinos y sitios de juego que hombres. Pero ellas buscan menos ayuda que ellos. La razón es que no lo consideran un problema o tienen apoyo de la pareja. El hombre es el proveedor social y para él es más relevante perder dinero que para ella
Las salidas a la adicción.


Las terapias de control del jugador compulsivo son similares a las que se utilizan para controlar el alcoholismo.Las terapeuta Vilma Rengifo sostiene que la recuperación es un proceso progresivo y los psicólogos y psiquiatras emplean varias estrategias. Inicialmente y para no hacer una ruptura abrupta sino un desprendimiento progresivo del paciente con el juego, algunos terapeutas permiten ejercer juegos controlados.

Incluso algunos profesionales acompañan a sus pacientes a jugar cartas no a casinos sino entre amigos para manejar el sindrome de abstinencia, que es el deseo compulsivo de volver a jugar cuando se ha parado de hacerlo.Algunas veces se le permite hacer una apuesta máxima de menor cuantía, pasar frente al casino o entrar a él pero sin jugar, porque ese ambiente interno de luces, colores, olores y opulencia puede ayudar aliviar el cuadro psicosomático de ansiedad que genera el síndrome de abstinencia en el paciente. Pero esto es temporal.En la medida que retoma el autocontrol el jugador se da cuenta de que tiene la enfermedad que ha incapacitado su vida, pero que es curable, advierte la psicóloga Rengifo..

.Otra teoría dice que definitivamente no se debe hacer nada de eso, sino cortar de raíz con el juego. Esta estrategia funciona en algunos temperamentos. Otros tratamientos optan por dar fármacos que controlen el estado de ánimo del jugador. En las terapias se incluyen a las familias para que aprendan a manejar el problema y el personaje.Adicionalmente, existen grupos de autoayuda de Jugadores Anónimos, que desarrollan un programa similar al de Alcohólicos Anónimos, donde se puede encontrar apoyo para salir del problema de adicción al juego. Este es gratuito y sigue un plan de doce pasos.

En Cali funciona uno de los pocos grupos de Jugadores Anónimos que hay en el país. Está en la Calle 20N No.6A-19, Edificio Shopping Las Fuentes, piso 5, local 128. Se reúnen toda la semana, excepto miércoles y domingos, a partir de las 5:30 p.m.

Ojo con los videojuegos
Psiquiatras de la Fundación Colombiana de Juego Patológico, sostienen que se debe tener una precaución mayor con los videojuegos de acción, en los que el jugador no interactúa con la máquina sino con otros jugadores, porque para algunos autores estos son el primer paso para que el individuo desarrolle dependencia al juego.
Advierten que los videojuegos en los niños ayudan para que desarrollen su capacidad intelectual y cognitiva. Pero, ¿cuándo debemos sospechar si un niño o adolescente tiene dependencia a los videojuegos o ciberadicción? Los psiquiatras consideran como signos de alarma los siguientes:
1. Preocupación por los videojuegos o Internet (por ejemplo, preocupación por revivir experiencias pasadas de videojuegos, compensar ventajas entre competidores o planificar su próximo juego).
2. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego con los videojuegos.
3. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego, llegando a producir ‘síndrome de abstinencia’
4. Utilización de los videojuegos como estrategia para escapar de los problemas o con el fin de aliviar la disforia (por ejemplo, sentimiento de desesperanza, culpa, ansiedad, depresión).
5. Mentiras o engaños frecuentes a los miembros de la familia, terapéutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con los videojuegos o internet.
6. Pérdida de relaciones interpersonales significativas, trabajo u oportunidades educativas o profesionales, debido al juego.

Recomendaciones
Los juegos de video en televisión y los computadores son mecanismos para el entretenimiento, no deben asumirse como una manera de aliviar los problemas.

Cree normas y reglas claras del tiempo de juego. Cuando se juega, se debe realizar pausas cada hora, sobretodo cuando se juega con varios amigos.

Se debe jugar cuando el niño o adolescente ha acabado de realizar sus obligaciones y deberes escolares y de casa. No apueste con sus hijos.

Lo preferible es jugar durante un periodo máximo de 45 minutos por día.

En lo posible, acompañe a sus hijos con frecuencia cuando se conecten a los videojuegos.

Cree otras maneras de entretención para niños y jóvenes como actividades recreativas, deportes de campo, diálogos o viajes.

Si siente que tiene problemas con el juego es mejor que busque ayuda profesional oportuna
.


CIFRAS CLAVES
3 de cada cien personas pueden tener problemas con el juego.
18.500 millones de pesos ingresaron a Etesa entre enero y junio de este año por explotación de juegos.
20 casinos y más de un centenar de salones de bingo funcionan en Cali.

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