Mi cuarentena 10
9 Así, pues, conquistarme, sin timidez, a mí mismo con mi verbo y lograr el exorcismo que persigo cuando vomito de mi estómago todo el daño que tengo, va a ser la mejor recompensa que alcance con este ejercicio de cuarentena, lo siento. Es un ejercicio de limpieza del cual, tal vez, debo cuidarme de que surja una nueva pretensión: la de sentirme más limpio, más humilde, más sincero o menos peor. Pero, cuidado, que esto no deja de ser otra pretensión y por ese camino es posible volver a levantar el muro de equivocaciones que desde temprano construí en la vida y que voy demoliendo. Bueno, parte de la vida, porque también sería una mentira pretender que se ha destruido la mentira. Una falacia pretender que se ha repasado y exorcizado toda la existencia y que en apenas una cuarentena ya estamos más allá del alcance del demonio. No puedo aspirar a tanto. La pretensión tampoco es pasar al escenario de los ángeles, ni más faltaba, sino ser consciente de que entre ángeles y demonios hay sere...