Mi cuarentena 13
12 Ya no me apetece leer el periódico que llega cada día ni ver los noticieros de televisión y he preferido quedarme en la habitación. Había posteado lo que va de esta historia en redes sociales, había mirado los pocos comentarios que se hacían de ella, los trinos más recientes de otros, al azar, y fisgoneaba una que otra ventana de Facebook. Decido, al cabo, poner el smartphone a un lado con aprensión porque me parece que hay mucha banalidad y mucha vanidad en esos mensajes, un afán de figurar y de vender provocaciones, imágenes e ilusiones por las que cobran por ver. Pienso que pierdo mi tiempo y que nada tiene sentido. Quiero levantarme para darme un paseo por la sala, tomo de nuevo el celular y me aparece un video donde el escritor Mario Mendoza me habla como al oído --¡qué casualidad!--, sobre lo mismo que estoy sintiendo, con crudeza y claridad rotunda: “Hay que renunciar a los trabajos que no nos hacen felices. No hay que estar en una relación de pareja que no nos hace feliz. No...