Mi cuarentena 4

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Hoy me ha llamado Eugenio, un viejo amigo de la infancia y ha vertido una gota de esperanza en esta sequía. Su proyecto me da una señal de lo que podría ser mi nuevo papel en la novela. Digo una señal, sin realmente tener claro de manera precisa de qué se trata esto, sino más bien creyendo ver una luz en aquello que llaman resiliencia para emprender la aventura independiente de la gestión de proyectos.

Recuerdo ahora que Chopra dijo en su libro que leí hace muchos años y el documental de Netflix que vi recientemente sobre las Siete Leyes Espirituales del Éxito, que todos tenemos una misión en la vida, y que su propia misión en la tierra era ‘impulsar’. Qué coincidencia. No me comparo con él ni mucho menos, sino que intento identificar mensajes para saber qué hacer y procuro leer las señales. Yo no tengo suficientemente claro, a mi edad, cuál es la misión que vine a cumplir en este mundo y eso no solo es deplorable sino motivo de preocupación y vergüenza. Ahora que estoy a la deriva después de navegar cómodamente tantos años en el barco que naufragó, y cuando aún no he logrado prenderme de un tronco para evitar el naufragio definitivo, pienso seriamente hacia dónde voy, si voy, y si voy a llegar. Es como haber sido succionado por un agujero negro donde todo se diluye y la realidad es un misterio. Es una sensación desagradable.

Eugenio –y no creo que sea coincidencia- llega en un momento en que busco auxilio como el náufrago. No sé si lo dará, pero lo ofrece en un extraño reencuentro por redes sociales, como ocurre hoy, donde comparte nostalgias de nuestra vida en Candelaria, fotos, música, anécdotas y, finalmente, hoy cuando hablamos por teléfono me comparte un proyecto cultural para el Pacífico en el que cree que puedo participar con “una remuneración digna”. No hay detalles, pero es la segunda vez que se me menciona algo con remuneración en estos meses de desempleo. Las otras veces fueron guiños que no pasaron de la insinuación o el coqueteo. Más allá de eso, lo que se me muestra es un área de trabajo que no había explorado por fuera de las oficinas de redacción o de la burocracia y eso es como otro paradigma de vida. Lo que llamamos en esta crisis resiliencia o reinvención. Esa podría ser una tabla de salvación al naufragio, algo así como cuando un beduino tiene el espejismo de un oasis en el desierto.

Yo sinceramente creo que más allá de todo esto habrá un mañana y tengo fe en eso. A veces puedo parecer trascendental con la adversidad y la coyuntura. Sé que tengo que aprender a esperar y a confiar, esa es la otra enseñanza que me deja esto, pero me sigue atormentando la incertidumbre de la misión para la que fui traído. Tengo la certeza de que el camino no termina en esta vida, que esta apenas es una estación en el largo periplo por el universo, pero que sí es importante para dar el siguiente paso, porque hace parte del ciclo evolutivo completo y trascendental.

Por eso, no tener clara mi misión en este mundo me atormenta. No saber lidiar con esta coyuntura no ayuda a saberlo y aunque racionalmente lo sepa y busque equilibrio, emocionalmente no lo encuentro.

Busco mi misión que es como decir que trato de encontrarme conmigo mismo en la madurez de mis días, sospechando que la misión me había llegado desde temprana edad y la hice a un lado. Ahora que sé de la lucha interna de los Illuminati y los Gnósticos por el poder oculto del mundo, en medio del coronavirus, lo presiento. Pero no es hora de lamentaciones. Tengo el desafío de seguir adelante de la mejor manera posible y de sintonizarme con mi destino. Esta coyuntura sospecho que hace parte de ese proceso de reencuentro y vino para hacer un alto obligado a fin de reflexionar sobre la vida que llevamos, como está ocurriendo, supongo, con todos los que estamos en esta cuarentena.

Lo cierto es que se me revuelve todo en un sancocho de situaciones: soltar, dejar de lado lo que me pesa y atormenta, tanto lo material como lo emocional; volver a buscar por lo andando, reinventar, buscar no se sabe dónde; dejar que las aguas se aclaren y el barro se asiente, en fin… Superar la confusión va a ser un asunto mayor que la cuarentena.


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