Mi cuarentena 5

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Sin principio ni fin, mi pequeño mundo parece circular. Un nudo caprichoso se arma entre tiempo y espacio para atar y desatar coincidencias simples o complejas. Nada se muestra al azar. Lo que hago o me pasa en la sala tiene que ver con la habitación; lo que leo en el libro, con lo que veo en la televisión. La sinfonía del destino toca su melodía invisible en cada una de las cosas que toco, pienso o siento. Antes de que existan la comedia o la tragedia ya las siento y las presiento antes de que lleguen a mí. Ha ocurrido muchas veces gracias a un extraño oído interno que algunos llaman intuición.

En esta cuarentena esa negación del azar ha sido como una boca grande que me habla y se ríe, que juega conmigo como un duende que aparece aquí y se repite allá. Me da risa a veces cuando caigo en la nota, como en el concurso de televisión; risa de sorprenderme de que lo que estoy viendo, haciendo o leyendo en ese momento tiene como un lazo invisible de continuidad con lo que vi, hice o leí ayer. por distinta que sea la situación. Abro un libro al azar y el mensaje coincide con la propaganda que en ese momento hay en la televisión. Me ocurrió. Estoy pensando en algo y enseguida llega la canción. Digo lo que digo y el eco de otra voz me lo devuelve de alguna forma, como si insistiera en decirme algo.

Acabo de repasar una veintena de páginas de un pequeño libro al que volví esta mañana después de muchos años, ‘Viaje a Ixtlan’, de Carlos Castaneda, y de alguna manera se me armó una película de continuidad con Dark, la serie de Netflix a la que llegué anoche sobre el tiempo circular, intergeneracional o el intiempo, tal vez. Y ¡vaya coincidencia! que recibí en el celular una imagen de wasap con un mensaje de Einstein sobre la relatividad del tiempo. Entonces pienso ¿qué tiene que ver todo esto con los mundos paralelos presuntamente existentes entre este plano y otros, que vi en películas como El Cielo sí existe, La cabaña, Perdidos en el espacio, Viajeros y otras más, a las que he llegado en los últimos días por alguna extraña convergencia?

El viejo Juan Matus con el que viaja Castaneda en Ixtlan me recuerda en sus relatos que el mundo es solo una representación en el cual todos construimos nuestra historia; que lo que vemos no existe como tal sino como imaginario y que está en nosotros borrar esa historia y conectarnos con el saber esencial. Él habla con las plantas, conoce sus secretos y ellas le hablan y le dan conocimiento. A Castaneda lo mete en una terapia de desaprender para volver a aprender, dejando atrás toda su historia y la arrogancia de su conocimiento, porque eso que él ha construido en su vida es solo una fachada, un muro inmenso que lo aleja de la realidad profunda y sobre el cual se han tejido mentiras y verdades -que para el caso son iguales-, que ni él mismo reconoce que existen. Lo pone en cuestión con su propia racionalidad que limita su capacidad de entendimiento y lo hace ver hacia adentro de sí para descubrir mejor la realidad que hay afuera, sin racionalizar nada, dejando que todo fluya naturalmente sin pensarlo, porque pensar que se piensa es un obstáculo mismo para el pensamiento, y en el mismo momento en que te percates de que estás pensando sobre algo, dejas de hacerlo, dejas de fluir, dejas de entender, dejas de ser y de aprender.

“Te tomas demasiado en serio, te das mucha importancia (…) y eso te da pretexto para molestarte con todo”, le dice don Juan a Castenada y le recuerda que en el curso de su vida “jamás había podido terminar nada” a causa de ese sentido de importancia desmedida que se daba. Por eso el viejo le advierte que “la arrogancia es otra cosa que hay que dejar, lo mismo que la historia personal”. Yo no lo podía creer, ¿cualquier relación con mi reflexión de hace unos días era pura coincidencia?

Cuando leí esto, lo único que hice fue reírme y pararme incrédulo en medio de la sala ante la tremenda similitud de estos mensajes con los que vengo repasando mi vida en cuarentena. Como cuando un mago te sorprende al sacar una paloma de tu propio bolsillo o la carta de la baraja en que pensaste, sin saber cómo. Qué ridículamente coincidente. Y, claro, lo que concluyo es que esto no es ninguna coincidencia y el destino se burla de mi arrogancia, que el tiempo puede ser uno solo y el Universo conspira y todo está siendo dado, así, de diversas maneras, para que lo pueda ver e interpretar, para que me vaya formando un mejor sentido de comprensión y de conciencia sobre todo lo que me está pasando y pueda mirar las situaciones en perspectiva con el fin de darme una mejor idea y, tal vez, un mejor papel en la novela de mi vida.

Con cierta frecuencia me veo en escenas que son como un ‘Deya vu’. Tengo la sensación y a veces la certeza de que muchas cosas que percibo ya las vi en otro momento. Y siento, también, que vivo a la vez en realidades distintas, en mundos paralelos en los que habito simultáneamente o me muevo de uno a otro en milésimas de segundos y, finalmente, no sé cuál es real y cuál es el sueño, o si ambos son reales o son un sueño los dos, y llega el momento en que no distingo claramente el uno del otro. Después, siento que despierto, aterrizo y procuro ubicarme en este que creo que es el real, pero no dejo de pensar que el otro también lo era y que tiene tanto sentido como este. Que mi vida está transcurriendo en ambos y que, en consecuencia, no tengo un solo espacio vital sino varios, que por dentro me caben varios mundos y que yo navego en ellos. Sí, así como un ‘Deja vu’, en algún instante de mi vigilia me desdoblo y paso de un plano en microsegundos a vivir alguna escena en el otro y regreso. Es un ejercicio relámpago de la mente, como una súbita distracción que me sacude por un instante y rápidamente vuelvo en mí, si es que acaso me he ido.

También pasa en el sueño, claro está, seguramente en un plano astral donde sabemos que tenemos experiencias propias de ese mundo o proyecciones de este plano físico. Y donde siento la provisión de un sinnúmero de mensajes, tal vez emanados de los guardianes de mi vida, que me hablan de esa manera sobre lo que me pasa o lo que debería hacer en este mundo terrenal. Porque todo tiene que ver con todo. Porque el tiempo es circular.


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