Algo grave puede pasar en este pueblo

 


Por Luiyith Melo García

El malestar es evidente. Las dos últimas encuestas o pulso de opinión que se toma cada dos o tres meses en el país, ratificaron ese inconformismo ciudadano que se respiraba en el ambiente. Los resultados de Invamer y Datexco, que mostraron la estrepitosa caída de la imagen favorable del alcalde y la confianza en su gobierno a guarismos inimaginables antes de diciembre, no son una buena noticia para Cali. Pero nos dejaron perplejos al confirmar la sospecha de que, en este pueblo, como en el cuento de Gabo, algo anda mal y algo grave puede pasar.

Los gobiernos, así como la vida de la gente, tienen sus ciclos. A veces se está arriba, a veces abajo. Arriba hay alegría y euforia, abajo hay tristeza y depresión. Pero es precisamente en el ciclo adverso donde se abre la oportunidad de revisarse para mejorar.

Creo que al alcalde le llegó ese momento por la cota baja por la que atraviesa su ciclo gubernamental. Algo no está haciendo bien y debe identificarlo y asumirlo. Es necesario que ese ejercicio de reflexión íntima y sincera ocurra pronto para corregir el rumbo y que se evite que la curva descienda más.

En ese ejercicio reflexivo que ojalá lo hiciera con acompañamiento profesional, no debe justificarse, ni buscar culpas en los demás, o decir, como suele hacerlo, que es que él obra bien y los que obran mal son los demás, porque la política es sucia, que esto es una venganza de los enemigos o de los que perdieron las elecciones y quieren revocarlo, y que aquí lo que hay es una lucha de clases donde los oligarcas de siempre no toleran que el proletariado llegue al poder…

Con ese tipo de justificaciones no va a llegar a la verdad de lo que ocurre, no va a identificar los problemas y, por supuesto, no va a poder corregir. Al contrario, por ese camino va a ser que el malestar se agrave, que la gente siga diciendo que aquí algo anda mal, que se corra la bola de que algo grave va a pasar en el pueblo, como en el cuento de Gabo y que, efectivamente, lo peor pase y, por temor, esto se incendie para que no le quede nada que aprovechar a la mala premonición.

 El mandatario no puede dejar pasar este momento de inflexión para detener el desenfreno, porque si no, perderá él y, peor aún, perderá la ciudad una oportunidad más para salir del atolladero.

En las redes sociales, sus defensores están esgrimiendo argumentos autogratificantes como que “negar que Ospina ha modernizado la plataforma urbana de Cali es negar a la mamá” y me temo mucho que esa obsesión por el cemento, por el culto a la obra física aduciendo que transforma la urbe y genera empleo, es parte de la equivocación del proyecto de gobierno en la hora actual.

Su plan de desarrollo como fue concebido hace un año no tiene hoy la misma vigencia ni las mismas posibilidades. Su ambición de invertir más de $20 billones que tras un recorte quedaron en $18 billones como presupuesto de inversión para 4 años, apelando a todos los instrumentos fiscales y financieros y empeñando el municipio para hacerlo posible, no tiene la misma validez.

Ese plan hay que aterrizarlo en cifras, metas y proyectos. Y el director de orquesta tiene que tomar la batuta para que no desafine el concierto, porque si es verdad que por las oficinas del CAM andan otros personajes metiendo la mano en cuanto contrato puedan esculcar, pues entonces estamos asistiendo a otro concierto, que no es precisamente el que queremos escuchar.

La pandemia nos deslocalizó y nos ubicó en otra realidad. Ahora, la ciudad y sus habitantes precisan de una carta de navegación que si no los lleva a puerto seguro como era su objetivo, sí evite el naufragio en el camino. Al menos eso, porque hay mucha gente sufriendo. El viaje se nos alargó y por ahora tendremos que esperar más de cuatro años antes de anclar en la ciudad maravillosa del nuevo siglo que se soñó, porque resulta que hay una tormenta qué sortear, que amenaza con arrasarnos y dejar más ruina y pobreza a su paso.

Más empatía, más simpatía, más solidaridad, más atención y más decencia y generosidad es lo que reclama el momento, es lo que espera la gente. Nada de lo faraónico planeado en un principio tiene más prioridad que eso. Por eso cuando los caleños recuerdan los tropezones de la feria virtual, el alumbrado navideño y miran lo suntuario del Pascual Guerrero, no pueden estar satisfechos ni hablar bien de su alcalde ni que vamos por buen camino.

Y cuando ven la majestad de su líder rasgándose las vestiduras con cualquier camorrero de calle, no pueden decir que ese señor les merece respeto ni proferir una opinión favorable de él. No se puede perder la perspectiva. Usted es el alcalde y está por encima de las circunstancias. No puede despistarse ni soltar el timón porque terminamos estrellándonos.

¡Sí! Lo fundamental es la defensa de la vida, la reactivación de la economía, el rescate de empleos, la recuperación de la esperanza y la confianza de la gente en sí misma, en sus líderes y en sus instituciones. Pero no debe empeñarse en que el camino de la reactivación es solo la inversión en las obras faraónicas que planificó en un principio. Primero, porque no resultan empáticas o de buen recibo, gozan de la desconfianza de la gente, más que por las obras mismas, por la manera como se imponen y se contratan. Y, segundo, porque, aunque dinamizan un sector, no son suficientemente intensivas y extensivas en reactivación para el resto de la economía.

La construcción, si se quiere, es a la que mejor le fue en la pandemia y es importante. Pero el comercio, la pequeña y mediana empresa, el sector de servicios, las industrias culturales y digitales, el transporte escolar, todos esos emprendimientos formales e informales que apenas se incubaban y quedaron a la deriva, esos no caben en su plan de reactivación, alcalde. Esto requiere una mirada más amplia y generosa del gobierno para que quepan en el vagón de la reactivación que usted debe jalonar. Y para que -como en el cuento de Gabo-, el rumor peregrino de que algo grave va a pasar en este pueblo no termine incendiando nuestro sueño de un mejor futuro.


CALI 24 HORAS, febrero 11 de 2021

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