Un pacto por la decencia
Por Luiyith Melo García
La vallecaucanidad ha perdido una
oportunidad de oro para brillar de nuevo en el horizonte nacional y recuperar
mucho de la representatividad perdida en el manejo del Estado colombiano, en la
recuperación de la decencia y la esperanza que cada día se diluyen más en medio
de la corrupción y la grotesca polarización política.
Lo vallecaucanos estábamos
soñando con que después de más de 150 años volviéramos a tener a uno de los
nuestros al frente de los destinos del país. Con Carlos Holmes Trujillo García
habíamos acariciado esa esperanza porque estaba hoy más cerca que nunca de ser
candidato de su partido, a pesar de que no tengamos afinidad política e
ideológica con el mismo.
Pero sabiendo de sus calidades personales
y profesionales, conociendo de su habilidad de navegante experto para superar
las aguas turbias de la política -donde no hemos sabido de ningún hecho de
corrupción que lo inculpe en su larga carrera de hombre público- y notificados
de su vocación de servicio y amor por la patria, teníamos el anhelo de que
Carlos Holmes Junior pudiera ser el nuevo presidente de los vallecaucanos y de
los colombianos.
Sin embargo, su vida se extinguió
antes de ayer por el mortal virus que nos acecha. Así como cuando pasa una
tormenta y se lleva todo lo que habíamos construido en la vida, rompe los
sueños y fatiga el esfuerzo por seguir. Para los vallecaucanos, Junior era una
oportunidad cierta de representatividad en la presidencia de la República,
independientemente de las preferencias políticas y más allá de ellas.
Quienes tuvimos la oportunidad de
trabajar con él supimos de sus principios socialdemócratas, de sus capacidades
como estadista, su rectitud personal y su conexión con la gente. Creo que
habría sido una buena apuesta para el país nacional y, sobre todo, para los
vallecaucanos que tenemos una seria crisis de representatividad en nuestra
dirigencia.
Junior tenía una gran capacidad
de interpretar lo nuestro, un gran conocimiento de la región y del país, respeto
por el otro, por las instituciones, por el Estado Social de Derecho. Una gran capacidad
de trabajo y de gestión. Su conexión con las esferas centrales de poder era
evidente, hacía parte de ellas. Y tenía una gran capacidad de aglutinar por su
trabajo, simpatía y discurso brillante. Era un líder nato.
Tras su partida, los
vallecaucanos tenemos que mirarnos de nuevo y definir hacia dónde queremos ir,
con grandeza, sin egoísmos. No tenemos detrás un líder de esos quilates para
reemplazarlo, pero tenemos fuerza y convicciones para reponernos de la
tormenta.
Es hora de apostar por el Valle y
Colombia. De defender la vida, la esperanza y la democracia que las hace
posibles. Propongo un trabajo en equipo. Un pacto por la decencia, por la
convivencia, por la vida. Un pacto de gobernabilidad que es como decir, un
acuerdo sobre lo fundamental como lo propuso Álvaro Gómez hace más de tres
décadas viendo el desastre institucional que vivíamos y que hoy sigue siendo
tan válido y necesario, porque todo se nos está saliendo de madre. Pero un
pacto con participación, que abra puertas, que sea incluyente y que interprete
las señales de los tiempos.
La supervivencia del Estado mismo
y la vida están en juego, la majestad de las instituciones se está perdiendo en
manos de la corrupción. La educación básica se extingue. El imaginario
colectivo, el sentido del orden y el camino recto se han distorsionado y
confundimos el servicio público y el interés general con la oportunidad de
estar en un cargo para beneficio propio, así se mueran de hambre y de necesidad
todos los demás.
El primero yo, segundo yo y
tercero yo ha sido nuestra tragedia y el responsable de la avaricia y la miopía
con que se manejan las decisiones y los recursos públicos. Es la lógica mafiosa
que ha impuesto una captura del Estado por parte de los circuitos de corrupción
que consideran que la manera de gobernar es apropiarse de los contratos y la
burocracia, y para ello se aseguran de promulgar leyes y actos administrativos
amañados que legitimen toda la acción malsana que realizan cabalgado sobre el
poder.
Esa es una dinámica perversa que
hay que romper. Es un camino que nos está llevando a la perdición como
sociedad. Hay que detener ese tren desbocado antes de que nos quede poco o nada
en la próxima generación. Lo primero es ponernos de acuerdo en este postulado
fundamental para empezar el trabajo. Y lo segundo, conscientizarnos de que es
una lucha larga y difícil, pero posible, si se hace con generosidad entre
todos, así parezca ingenua.
Invito a la dirigencia política
regional a dar el primer paso. De a poco. Abriendo espacios, cuentas públicas,
licitaciones, concursos de méritos. Metiéndole más plata a la educación y al
emprendimiento que a lo superfluo. Y trabajando con determinación por un
proyecto común de decencia y pudor, por el respeto a la gente, a la vida, a la
diferencia y a la gestión pública. ¿Quién firma conmigo?
Diario CALI 24 HORAS, enero 27 de 2021
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