La fiesta de Pilito
Por Luiyith
Melo García
Y a última hora nos sorprendió el confinamiento
en pleno fin de año, en Cali. Porque esta ha sido la alcaldía de las sorpresas.
La que toma medidas desesperadas, reactivas y no pocas veces furtivas. De la
que cualquier cosa puede esperarse porque la planeación y la acción sensata,
razonada y serena no parecen estar en su agenda.
Apenas hace cuatro días y, antes de
estos, ocho días atrás (el 20 y el 27 de diciembre) se había advertido que, por
cuenta de los partidos de la final de fútbol del América, el desbordamiento,
aglomeraciones e indisciplina ciudadana iban a ser tan grandes, que se imponía
la necesidad de adelantar el toque de queda de las 9:00 de la noche, para las
6:00 de la tarde, hora de los partidos, con el fin de evitar que la gente
estuviera en las calles contagiándose.
Pero no hizo caso. Pudo más su fanatismo
americano. Mientras los partidos se jugaban la gente se toma las calles. Y las
caravanas y explosiones de pólvora inundaron todos los puntos cardinales de la
ciudad. El covid se dio un festín.
Luego salió a decir que la culpa no era
suya sino de Win Plus que no permitió que se transmitieran los partidos en
señal abierta para que la gente se quedara viéndolos en sus casas. Un socorrido
argumento que solo él creyó, como si las decisiones empresariales de los
privados tuvieran que responder por las políticas y gestiones públicas de los
gobernantes. Pero es que está tan embolatado con tanto escándalo y pisadas de
callos, que no parece tener claro qué hacer y las decisiones van de un lado a
otro como un péndulo.
Ayer, ante las evidentes consecuencias
de un brote masivo de casos que no logró prevenir a tiempo y la congestión de
las UCI sin medicamentos, decidió hacer con la fiesta de fin de año, lo que no
hizo con la rumba americana: “Todo el mundo pa’ su casa porque no hay cama pa’
tanta gente”, como dice el Gran Combo.
Pero ¿quién lo mandó a armar la ‘Fiesta
de Pilito’?, o a permitir que llegara tanta gente a exponerse al contagio, uno
encima de otro, entre las copas, los abrazos, y la endiablada celebración…
Es cierto que en una ciudad alegre y, en
buena parte, escéptica frente al coronavirus, es complejo convencer a la gente
de que se cuide, que use tapabocas y, sobre todo, que guarde distanciamiento,
más aún si le toca viajar en el MÍO, ir al centro de compras o si no resiste la
tentación de una fiesta clandestina.
También es cierto que no se le puede
poner un policía a cada indisciplinado que anda por allí tentando al virus y
que la pedagogía no alcanza para convencer a tanto incrédulo de la necesidad de
cuidarse y cuidar a los suyos. Por eso, entendemos, se requiere pasar a de las
fases preventiva y persuasiva, a la coercitiva, que es el confinamiento. Así se
hizo oportunamente en marzo pasado con una larga cuarentena de cuatro meses que
nos tocó y dio sus resultados.
Pero en el rebrote de
diciembre que estaba cantado y ante los datos ciertos del aumento de la
velocidad de transmisión y el copamiento de las camas UCI, no se podía permitir
que se prendiera ‘la mecha’ de la ‘Fiesta de Pilito’, donde “todos cantaron
así: vamos p’aquí, vamos p’alla, a comer pastel, a comer lechón, arroz con gandules y a
beber ron” Y se rumbearon la ciudad y quemaron pólvora y, por supuesto, se
contagiaron muchos más.
Es un video que creo que
todos alcanzamos a ver antes de que se grabara el 20 y 27 de diciembre pasados.
Y también adivinamos la trama que tuvo su nudo en las celebraciones y ahora
está empezando a tener su desenlace fatal.
Pero no hubo director que
parara la película. El director como buen fanático estaba haciendo parte de
ella, dando permiso y mirando de reojo con la secreta esperanza de que el guion
cambiara. Pero nada. La fiesta estaba montaba y es imposible apagar el sonido
cuando todo el mundo está prendido, eufórico y embriago de trago y emociones.
Por eso el toque de queda
llegó tarde. Como dos horas tarde al momento de los partidos en que debió
llegar, y ya nada pudo detener la marea roja por las calles.
Hoy, cuando la despedida
del año se les aguó a muchas familias con tapabocas y bioseguridad, por cuenta
de nuevo confinamiento, justo en el momento que menos se quería, los
cibernautas se preguntan en las redes ¿qué pasó?, ¿qué salió mal?, ¿por qué
ahora? como el bolero de Vitín Avilés.
Y empiezan a odiar y a
ofender por Twitter y todas las redes sociales al director de la película, al
que no pudo cambiar el guion adelantando el confinamiento hace cinco y doce
días, por apenas medio día de aislamiento cada vez, para no vivir este final
triste de tres días de encierro obligatorio en el mejor momento del año.
No me lo quiero imaginar,
ay Pilito, pero “si el año pasado tuvimos problemas (con el covid) quizás este
año tengamos más” …
CALI 24 HORAS, diciembre 31 de 2020
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