A conjurar el caos
Por Luiyith Melo García
Si dejamos que una hoja viaje con el viento, será imposible
saber dónde estará al cabo de unas horas. Es claro que tendremos una ciudad
inestable y a la deriva si la soltamos al viento, como una hoja, y no
controlamos los factores que la determinan. Es la teoría del caos.
El alcalde reconoció que al principio de este estallido
social, surgido con el paro del 28 de abril, perdió el control de la ciudad, se
le salió de las manos y el caos se apoderó de ella. Pero creo que el control aún
no lo ha recobrado. Los ciudadanos tenemos la sensación de que vivimos en una
tierra de nadie, donde cualquiera hace lo que le viene en gana y existe una
percepción de anarquía, que es justamente el origen del caos, el principio de todo
el desorden social, de esta entropía que vivimos.
Hay que empezar con urgencia a recuperar el control de la
ciudad para recobrar la vida. Y como la ciudad es básicamente el lugar de
encuentro de la sociedad, el espacio donde se vive y se socializa, debemos
recobrar los espacios, la movilidad y la posibilidad de hacer factibles esos
encuentros.
Ahora se trata de devolverle a Cali la civilidad, que no es
más que el comportamiento ciudadano que deriva del orden social, el respeto a
derechos y deberes y la seguridad que ofrece una comunidad funcional. Claro,
hay muchos problemas por resolver y carencias por suplir, lo cual es propio de
sociedades en desarrollo como la nuestra, pero son parte de los desafíos que nos
toca afrontar para crecer, no la excusa para su destrucción.
Así que ahora el capitán debe sentarse en el puesto de mando
y poner a andar el barco con rumbo fijo. No hay más oportunidad para el
naufragio. No más especulaciones. Hay que ajustar los controles. Cali tiene que
despegar de nuevo.
Como debemos seguir andando, lo primero sería recobrar la
movilidad. Hay que limpiar y retomar las vías para que esta ciudad se mueva.
Urge la presencia más decidida de los agentes de tránsito poniendo orden en las
calles. Controlando cruces complejos. Imponiendo orden en el tráfico
Hay que reparar los semáforos. Su ausencia en intersecciones
viales son un claro factor de caos. Propicia la ley de la selva, que se imponga
el más fuerte y temerario para cruzar primero. Ayuda a estimular esa cultura
del vivo bobo que tanto daño hace a la conducta social.
Se ha perdido el respeto por los carriles exclusivos del MIO,
por allí circulan sin restricción vehículos particulares, motos y ciclistas. La
gente anda en contravía, no hay quien sancione, no le importa moverse en
cualquier sentido porque no ve a nadie controlando. Ni siquiera la Policía
aparece.
Recuperar el MIO es una prioridad. No es regresando al
pasado, reviviendo el viejo sistema de transporte colectivo con sus pecados e inconveniencias
como vamos a seguir adelante. La falta de transporte no es pretexto. Hay
cientos de buses alimentadores parqueados en los patios que pueden prestar ese
servicio. Y entre tanto, urge acelerar la recuperación de las estaciones y terminales
del sistema, su fibra óptica y redes tecnológicas de funcionamiento y recaudo. Los
operadores dicen que el alcalde no les da la cara, pero les abre la puerta a los
buseteros de antaño.
La inseguridad se ha disparado. Es urgente poner el pie de fuerza
no solo a reprimir manifestaciones o levantar los bloqueos, sino a cuidar la
ciudad. No sabemos si buena parte de la fuerza enviada a Cali ya se regresó. Su
presencia no se nota.
No se pueden seguir vandalizando los bienes públicos como lo
vimos ayer en un video donde unos cuantos individuos desmantelaban a la luz del
día el puente metálico de la terminal intermedia del MIO en Calipso. Y nadie
aparece para evitarlo.
Entre tanto, hay propuestas de los concejales para aprovechar
mejor la tasa de seguridad, $30 mil millones que pagamos los caleños al
departamento y que no se invierten en la ciudad. Es hora de que se queden en
Cali porque hay mucha cámara que reparar, mucho equipo técnico y humano que
financiar y programas sociales en qué invertir para prevenir el delito.
Aquí no se ve un plan de choque por la recuperación de Cali.
La duda y el temor parecen seguir dominando las decisiones gubernamentales.
Y a la par con la recuperación física y el orden de la urbe,
hay que recobrar su dinámica social y económica. Es necesario avanzar en el
otro plan de reactivación económica que parece tímido y lento porque no termina
de arrancar. En fondo solidario de $50 mil millones está aún sin
reglamentación, sin censos y grupos focales identificados para su aplicación, sin
procesos operativos y sin desembolsos. Esto no da espera.
Lo que no parece haber entendido la administración es que
esto es mucho más grande que el foco al que apunta el fondo. Que la ciudad ha
perdido casi 200 mil empleos y que el citado fondo ayuda a una parte, pero no puede
llegar a todos, ni siquiera a la mitad del problema. Por qué no se han trazado,
entonces, otras estrategias rápidas y eficientes como la de desplegar un amplio
programa de choque para la generación de empleo inmediato, como ya lo han
propuesto algunos. La recuperación de la ciudad destruida que hoy tenemos es
precisamente una oportunidad para hacerlo. Rápidamente podrían organizarse proyectos
para limpieza y enlucimiento de la ciudad, recuperación de vías, puentes,
estaciones, cruces semaforizados, señales de tránsito, demarcaciones viales, estructuras
y redes de servicios y comunicaciones, separadores viales, zonas verdes,
escenarios, en fin.
Emcali, Metrocali, Movilidad, el Dagma, Uaspm, Emru, Deportes,
entre otras entidades de la administración municipal podrían apoyar esta
empleabilidad masiva, enfocando sus proyectos e inversiones en un plan de
choque concertado y orientado por el alcalde para que responda ya al doble
propósito de recuperar la ciudad y generar empleo e ingresos rápidos para miles
de personas, la mayoría jóvenes, que lo necesitan.
Con todo esto, hay que ocuparse más de las escuelas y
colegios para que los niños y jóvenes vuelvan a las aulas. Eso ayuda a recobrar
la normalidad y restablecer el orden, y le apunta a una solución de largo plazo
como es la formación de los muchachos para la vida y el trabajo.
Y en la nueva dinámica de recuperación de la ciudad, el rol
de los guardas cívicos deberá tener un énfasis en el desarrollar programas
efectivos dirigidos a recuperar el tejido social, el orden, el respeto, la
responsabilidad y la autoridad en una ciudad que también lleva el caos por
dentro.
CALI24HORAS, junio 17 de 2021
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