¿Podremos detener el colapso?
Por Luiyith Melo García
No sé si es la llegada de las vacunas, cierto aire de
libertad que se respira al reducir el confinamiento, la confianza que da
recobrar poco a poco cierta normalidad, el destape de la verdad oculta y
siempre negada sobre las cuentas de la Feria, el esfuerzo del gobernante por
subirle a la prudencia y bajarle a la pedantería o de pronto una piadosa concesión
de la Divina Providencia, pero la tormenta en la administración caleña parece
dar una tregua aún sin terminar, claro está.
La última encuesta de Invamer que hoy se publica tiene el
mérito para el alcalde de Cali de mostrar que se estaría atenuando una caída
exponencial que se produjo hace un mes con la desaprobación de su gestión
administrativa y la desfavorabilidad de su imagen personal.
La mejoría no es mucha. La opinión sobre cómo los caleños ven
la forma en la que el alcalde está desempeñando su gestión se atenuó en apenas
5 puntos, al bajar de 60 a 55 % su desaprobación, en tanto que la aprobación de
esa gestión sólo mejoró 3 puntos al subir de 38 a 41 %.
¿Pero qué ha pasado durante el último mes como para detener
la caída libre del gobernante cuando todo indicaba que las cosas podían ir de
mal en peor como la ley de Murphy?
Lo primero que ha ocurrido es que el mandatario le bajó el
tono a la pelea, al desafío público y privado a sus críticos y oponentes y
parece comportarse de mejor manera, con más altura y por encima de duelos
circunstanciales como corresponde al gobernante. En las redes sociales ya no se
le ve respondiendo personalmente cuanto insulto o crítica se le hacen. Eso lo
dejó, según se supo, a lo que hoy llaman una bodeguita de respondientes
encargados de salirle al paso a los mensajes y de vender una mejor imagen de la
administración.
Lo segundo es el destape que se está produciendo en las
cuentas de la feria que tienen tan indignados a los caleños, por la mentira y
el manejo indecente que parece haber en ellas. Todo indica que la metida de
mano en esos fondos fue peor de lo que nos imaginamos. Lo bueno es que el
engaño tocó fondo con la salida del gerente de Corfecali que no permitía que la
luz entrara en esos libros y, gracias a su retiro forzado y sin rendición de
cuentas, la auditoría respectiva ha logrado revelar algunas verdades.
Lo bueno es que el alcalde movió la ficha que estorbaba en
ese juego (¿o sería el peón de poner?), así fuera presionado por todos los
sectores y la ciudadanía a través de las redes sociales, los medios de
comunicación, el voz a voz que creció como espuma y la imprudencia del propio
afectado que cayó por su propio peso.
Lo tercero es la propia purga aún incompleta que se está
produciendo en el gabinete, no solo propiciada por él y algunos asesores
cercanos, sino por los propios secretarios que no soportaron el estilo del
gobernante y prefirieron dar un paso al costado, como el director del Dagma y los
secretarios de Bienestar Social y Desarrollo Económico, este último muy amigo del
alcalde que, por ello, lo puso en otro cuadro del ajedrez, al frente de
Corfecali por ahora, para que lo ayude a jugar esa partida.
Lo cuarto, el sacudón de algunos concejales de la coalición
del Cabildo caleño que parecían incondicionales con el mandatario, pero que han
decidido levantar su voz con dignidad, así sea tímidamente, poniendo en riesgo
su clientela, ante los evidentes errores y manejos indecentes del mandatario y
algunos de sus funcionarios. No han roto el pacto oficial, ni están del lado de
Roberto Ortiz o Diana Rojas, pero Roberto Rodríguez, Fernando Tamayo y Juan
Martín Bravo hablan duro en asuntos tan sensible en los que sus compañeros
callan, y en su tono se advierte que no les cabe tanta genuflexión en el alma.
Eso es esperanzador para la ciudad, porque cabe la
posibilidad de que se rompa el monólogo amañado del Ejecutivo también con el
Legislativo y que el remedo de control político que se ha hecho a los
funcionarios hasta hoy no termine con la mañosa disolución del cuórum, el
aplazamiento de la discusión, los débiles cuestionamientos o la suficiente
ilustración que hunden los debates, sacrifican la verdad y deforman la realidad
de las cosas.
Lo lamentable en todo este episodio es que los organismos de
control que están establecidos para eso, para controlar lo que hace la
administración y ser los ojos de todos los ciudadanos en el manejo de recursos
y la gestión pública, miren para un lado y no adviertan los elefantes que pasan
por el frente.
Por ello es que muchos han pedido que la Contraloría General
de la República y la Procuraduría General de la Nación hagan uso del control
preferente y se apersonen de algunos asuntos que en manos de los funcionarios
locales o regionales no parecen tener posibilidad de resolverse con
imparcialidad.
Pese a todo el amarre burocrático o el ajedrez que se
estarían jugando del mismo lado las diferentes ramas y órganos del poder
público, la conducta más aplomada del mandatario y su tolerancia al desenlace
de asuntos sensibles como el de la inversión en la feria virtual, parecen
contribuir a quitarle esos cinco puntos de más que registraba su caída y darle
tres como cuota inicial para que mejore el desempeño en adelante.
De alguna manera, su imagen también se habría visto
beneficiada con un clima generalizado de confianza y optimismo que registra la
encuesta nacional, y que parece estar invadiendo a los colombianos frente al
coronavirus con la vacunación a la que tanto se ha dedicado el mandatario como
buen médico.
El 55% de los consultados por Invamer pensaba en enero pasado
que lo peor estaba por venir. Pero en febrero, un mes después, esa opinión bajó
al 29% y, entonces, un poco de esperanza parece distribuirse mejor en la
opinión pública ya que el 39% considera que, aunque faltan muchas personas por
contagiarse, lograremos detener el virus. ¿Tendrá algo que ver esta apreciación
con lo que está pasando con el gobierno caleño? ¿Será que, aunque muchas cosas
difíciles seguirán contagiando la gestión pública, finalmente podremos detener
el colapso?
CALI24HORAS Marzo 4 de 2021
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