¿Y quién controla al control político?

 Por Luiyith Meo García

 En medio de las dudas que plantea la efectividad del control político que hace el Concejo de Cali a la administración municipal, por la aplanadora en que lo ha convertido la coalición mayoritaria a favor del alcalde, los ciudadanos aún tenemos la esperanza de que la intensa agenda de citaciones para marzo y abril a 38 funcionarios de la administración con una nutrida batería de preguntas, tenga algún resultado positivo.

El control político a la gestión pública del gobierno es la principal función que tiene el Concejo, que en virtud de esa facultad ejerce un contrapeso a la actuación del alcalde y los secretarios, velando porque hagan las cosas con sujeción a la Constitución, la Ley, las normas establecidas y la conveniencia administrativa, social y económica.

Esa es una responsabilidad mayor dada por los caleños que eligieron a 21 concejales para que cumplan esa tarea en nombre de la ciudad y le respondan a ella con la garantía del cumplimiento de su misión. Algunas de esas tareas tienen que ver con que se cumpla el Plan de desarrollo y el programa que el gobierno se comprometió a implementar cuando se hizo elegir.

Para eso se hace control político, que es como una salida al tablero del alumno a presentar la lección. Pero eso requiere de evaluadores serios, éticos y competentes que puedan tomar la tarea, profundizar en los temas, hurgar en esos resquicios o zonas oscuras que no se quieren mostrar, en las gestiones pendientes o sobrantes, las cifras que no cuadran, las que se ocultan, las que faltan por resolver.

Sin embargo, la historia del control político en la ciudad durante los últimos años, desafortunadamente, no arroja resultados alentadores. Como ya lo hemos publicado en este diario, el Observatorio Cali Visible de la Universidad Javeriana, que hace seguimiento a la gestión del Concejo de la ciudad, rajó su gestión el año pasado en materia de control político.

Pese a que en 2020 (primer año de Ospina) hubo un incremento en el número de proposiciones de control político que sumaron 216 citaciones frente a las 89 que se realizaron durante el primer año del gobierno de Maurice Armitage, tan sólo 136 de ellas se llevaron a cabo; es decir, hubo un 63% de cumplimiento en esa labor, pero ninguno tuvo un efecto relevante sobre la marcha de la administración. No se corrigió el rumbo.

De allí que el informe de Cali Visible advierta que “los debates en plenaria de control político deben caracterizarse por ser oportunos, precisos, públicos y derivar en conclusiones y compromisos por parte de los funcionarios citados, elementos que no son característicos de los debates del Concejo de Cali”.

Los resultados del primero año de control a la actual administración municipal así lo evidencian. Cuando hicimos el balance del Concejo durante ese periodo, en un muestreo del 40% de los debates de control político se encontró que los concejales concentraron su actividad en temas de planeación, educación, seguridad y justicia, ambiente y desarrollo. Por el contrario, les prestaron menos atención a temas como el sistema de transporte masivo MIO, infraestructura, Emcali y la polémica contratación directa que dominó la gestión gubernamental el año pasado, la cual tuvo un solo debate a pesar de los escándalos, pero sin ningún efecto correctivo.

A este último grupo de temas le dedicaron solo el 9 % de la agenda de control político y, como se ve claramente en la inconformidad de la gente y en los mismos escándalos que han estallado en la propia administración municipal, en este grupo están los problemas que más agobian a la ciudad, incluido, por supuesto, el de la inseguridad que sí aparece en el grupo de temas más debatidos con 13 citaciones en 2020. Pero, igual, sin resultados positivos.

A Emcali, también ignorada por el Concejo, parece que no le cabe un cuestionamiento más. Tanto que el concejal Roberto Rodríguez, que no está precisamente en la oposición al gobierno, dijo en los últimos días que “es vital que se programe con carácter urgente el debate de control político a Emcali” al advertir que en sus procesos contractuales “hay demasiadas inquietudes, reclamos y expresiones que aseguran que habría un manejo de favorecimiento a contratistas”. Algo le huele mal allí al cabildante, como a muchos en la ciudad.

Ni qué hablar de los convenios interadministrativos a través de los cuales la administración municipal orientó la mayor parte de su contratación el año pasado, para eludir concursos abiertos y de méritos como la licitación pública, por lo cual aparecen entidades como Corfecali comprando muebles, computadores y suministros para comunicaciones que no tienen nada que ver con su función ni objeto social o empresarial. Para no hablar de los controvertidos contratos de la feria, también adjudicados a dedo, y de los cuales aún los caleños no tenemos información clara y precisa.

Y qué decir del tema del transporte masivo que parece intocable en esta administración y en el Concejo, mientras las actuaciones al interior de Metrocali se han vuelto un tabú para la prensa y la ciudadanía. La solución a un asunto tan sensible como la salvación del MIO y la garantía a la movilidad de los caleños aún no aparece.

Hemos entendido que el Concejo controla al alcalde. Pero ¿quién controla al Concejo que controla? En estos problemas de ciudad y de gobierno es donde los concejales deben hacer valer su condición de representes del pueblo que los eligieron y cumplir su misión institucional para defender los intereses colectivos, por encima de los particulares que ellos puedan tener. Pero pedir eso parece pedir mucho. Sobre todo, en una maquinaria bien aceitada que funciona como un reloj cuando de darle la hora al dueño de su tiempo en el poder se trata.

 

CALI24HORAS Marzo 17 de 2021

 

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