¿Vacunarse o no vacunarse?: he allí la cuestión
Por Luiyith Melo García
Mientas algunos esperamos ansiosos en la fila que llegue la
hora de nuestra vacuna, sorprende que en los últimos días 15.000 caleños más
hayan rehusado aplicarse el biológico que les puede salvar la vida.
Los remisos no son cualquier persona. No son muchachos
rebeldes o escépticos de esos que no miden el riesgo de andar por allí sin
protección contra el coronavirus, pensando que a ellos no les pasa nada. O
jóvenes incrédulos de la bondad de una vacuna que dizque podría ser producto de
nanotecnología celular e incluir un chip que permita controlar sus vidas desde
un remoto centro de inteligencia artificial. No. Los que se niegan a la vacuna
son ni más ni menos que los mayores de 70 y 80 años que estaban agendados en
los últimos días para inocularse la contra del virus que nos tiene en pandemia
y no lo hicieron.
Uno pensaría que por la sabiduría que les da su edad y su
experiencia, y por la vulnerabilidad que tienen para enfrentar los duros
efectos de la enfermedad que fácilmente los llevaría a una Unidad de Cuidados
Intensivos, los más viejos serían los primeros en aceptar vacunarse. Pero no.
Parece haber pesado más la desinformación y el miedo sobre los efectos
secundarios que algunas vacunas han ocasionado en una que otra persona, que los
amplios beneficios que su aplicación supone para no morir de coronavirus.
Todo indica que cuando muchos de estos adultos mayores se
acercaron a vacunarse y les ofrecieron una vacuna de AstraZeneca se llenaron de
temores y decidieron no seguir con el proceso, porque creen que ese biológico
les puede producir trombos como ha ocurrido con algunos viejos en Europa. Y
entonces no quieren vacuna de ese laboratorio.
Otros ni siquiera acudieron a la cita porque tienen un
rechazo general a las vacunarse por cualquier razón e, incluso, algunos más no
pueden o no quieren salir de su casa, o no se dan por enterados.
La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) reportó, en efecto,
algunos casos de trombosis en un grupo personas que habían recibido
recientemente la vacuna, lo que llevó a que algunos países anunciaran que
suspendía su aplicación. Lo cual, según indicaron, no quiere decir que la
vacuna fuera mala o la causante del problema, sino que hace falta más
información sobre por qué un grupo específico vacunado terminó produciendo
trombos en su organismo y cuál sería su eventual relación con el biológico.
De acuerdo con expertos epidemiólogos, la posibilidad de
sufrir un trombo causado por una vacuna es de una en un millón, mientras que
contraer covid-19 es letal para una de cada 8 personas infectadas mayores de 75
años, y para uno de cada 1000 contagiados asintomáticos con alrededor de 40
años.
Así que este solo dato nos daría elementos para empezar a
tomar una decisión de manera más seria y racional.
De hecho, como lo dijo a este medio el médico investigador
Sócrates Herrera, “uno tiene que poner en una balanza la probabilidad de sufrir
uno de estos eventos, que es rarísimo, que es extraordinariamente bajo, frente
al riesgo de sufrir un covid, ir a una unidad de cuidados intensivos y
posiblemente fallecer. Así que las personas deben estar tranquilas”.
Otro especialista manifestó que los casos de tromboembolismo
con la vacuna AstraZeneca son muy escasos. “Han sido alrededor de 250 en más de
34 millones de vacunados en Europa continental y Reino Unido. Esto supone lo
escaso y lo exótico frente a las grandes ventajas de los beneficios que ofrece
esta vacuna”.
Lo cierto es que en Colombia hay 244.800 dosis de AstraZeneca
y fueron distribuidas a las regiones para su aplicación. María Cristina Lesmes,
secretaria de Salud del Valle del Cauca, dijo también a este medio que ya van
más de 10.000 primeras dosis aplicadas de este biológico en el departamento y
hasta el momento no se ha reportado ni un efecto adverso en los pacientes que
lo recibieron.
También recordó que todos prácticamente nacemos vacunados. En
general, llevamos en el cuerpo 21 vacunas contra 26 enfermedades desde
chiquitos que no nos van a atacar después. Y, si lo hacen, no prosperarán, no
quedaremos deformes por la viruela o tísicos por la tuberculosis, por ejemplo, porque
tenemos un ejército de anticuerpos preparados para aniquilarlas gracias a las
vacunas. Considerar esta circunstancia también nos ayudaría a sopesar nuestra
decisión.
La otra vacuna que debemos procurar es contra la
desinformación. En los medios y redes sociales de hoy circulan cantidad de
virus que atacan nuestras fuentes y sistemas informativos y deforman nuestra
comunicación.
La gran revolución posindustrial es esta de la información
por el valor y el alcance transformador que tiene.
Pero si no creamos los anticuerpos necesarios para discernir
y poder filtrar lo bueno de lo malo, la mentira de la verdad o lo que conviene
de lo que no, vamos a terminar en manos de un coronavirus peor del que tenemos,
que nos puede deformar la realidad y no nos deja caminar con criterio por la
vida. Propongo el método cartesiano para alcanzar la propia inmunidad. Después
de todo, también hay vacunas que ya tenemos desde antes de nacer.
CALI24HORAS Abril 15 de 2021
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