Que no se hunda el barco

 

Por Luiyith Melo García

 

Más allá de los puntuales cambios de gabinete que ha venido produciendo a cuentagotas en los últimos días, tras dos semanas de interinidad, del alcalde de Cali se esperaría un cambio de actitud en su estilo de gobierno y una apertura hacia toda la ciudad para buscar consensos, una fórmula que le ayude a superar de la crisis actual.

Su gobernabilidad es cada más estrecha e insostenible. La desaprobación de la ciudadanía crece en cada encuesta que se hace (las últimas de Invamer y Analizar le dan una desaprobación del 74 % y el 80 %, respectivamente). Y el indicador de confianza del consumidor caleño del -34-2 %, nos muestra el nivel de pesimismo en que nos encontramos.

La idea de malversación del erario no se quita de encima. Los cuestionamientos confirmados por la Contraloría sobre una Feria Virtual que resultó antipática para una ciudad confinada en diciembre y sin con qué comer, además de desastrosa para el erario con un detrimento de cinco mil millones, no dejan de arderle en el alma al ciudadano.

Menos aún justifican los $11.000 millones gastados en un alumbrado que no era obligación hacer como dice Emcali, como tampoco la inversión de más de $3000 millones en la remodelación de la Plazoleta Jairo Varela que no se moría de inanición como muchos pequeños empresarios y sus empleados por la pandemia. O los $12.000 millones en palcos del estadio Pascual Guerrero, absolutamente innecesarios en esta coyuntura.

Hace poco el mandatario echó para atrás la inversión de $60.000 millones en la remodelación de la Avenida Sexta porque ese gasto era claramente impresentable en esta crisis humanitaria y habría sido el colmo comprar cemento en vez oxígeno para quienes se asfixian con el apretón del paro y el covid.

Con urgencia, se le pidió desde finales del año pasado un plan de reactivación para contener el derrumbe de la ciudad con la masiva destrucción de empresas y empleos, pero eso no era su prioridad. Montó unas mesas de diálogo y concertación con pequeños empresarios a las que casi nunca fue y donde se botó mucha corriente, como le gusta, pero no se concretó nada.

Este año presentó un tibio plan de reactivación que no toca la médula del problema y llevó al Concejo un proyecto de Fondo Solidario por $30.000 millones dizque para apoyar la reactivación de los negocios quebrados. En las últimas sesiones clausuradas esta semana el proyecto lo enmochilaron. Dicen que los concejales no le jalan porque esa cifra es muy poco para un plan de reactivación económica y mucho para utilizarse en beneficio de alguna campaña política.

Sus mismos aliados en el Cabildo le han pedido empatía con la ciudad en sus inversiones. Que use parte de los $650.000 millones autorizados por el Concejo y que tiene como cupo aprobado en los bancos para financiar un plan más ambicioso de reactivación económica de la ciudad. No en obras faraónicas que no aportan mayor cosa a la urgente solución del problema de la gente, sino en programas de alto impacto en generación de empleo e ingresos de manera inmediata.

Por eso, lo que se hubiera esperado es que la crisis de gabinete que el mismo alcalde generó en un intento de recomponer el camino hubiera servido para ganar gobernabilidad. Es, decir, para convocar a los diversos estamentos de la ciudad a que aporten sus ideas, a que den luces al mandatario, le brinden apoyo y solidaridad a un plan de choque para salir del atolladero. A recuperar capital social y político para gobernar con más confianza.

No se trata de repartir burocracia, sino de ponerse de acuerdo en soluciones y generar nuevas capacidades de respuesta. El alcalde es el líder, el que señala el rumbo, pero debe recuperar la gobernabilidad y algo de la confianza perdida de sus gobernados. No puede sucumbir en su terquedad, ni hundir a la ciudad con ella.

Los empresarios, que no parecen de su simpatía, tienen mucho que ofrecer si él los convoca. La academia tiene diagnósticos claros desprovistos de cargas ideológicas para mostrarle caminos. Los mismos políticos más allá de sus círculos cerrados le pueden dar una mano. Y los ciudadanos todos los días le hablan por todos los medios de sus problemas y necesidades. Hay que escucharlos.

Estoy seguro de que la sociedad civil que hoy desconfía tanto de su administración comprendería un acto de contrición y enmienda. Unas líneas consensuadas de gestión, le daría un nuevo sentido a la gobernabilidad de Cali en momentos en que todos buscamos una luz de esperanza para seguir adelante.

El alcalde sabe la encrucijada en la que se encuentra, el vacío en el que ha caído y los amarres políticos que lo atan a una gestión insostenible. Es hora de que, más allá de cambios y rotaciones de gabinete, tenga el coraje de liberar amarras y redireccionar el barco hacia un puerto más seguro. Porque si no, vamos a naufragar con el capitán, todos en él.

CALI24HORAS, junio 2 de 2021

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