Pensar mejor la ciudad

 Por Luiyith Melo García

 Se está abriendo paso en Cali otro malestar sobre la gestión de la actual administración municipal por cuenta de su visión de ciudad y la forma en que orienta la inversión pública. La crisis de la ladera generada por el invierno, sobre todo por el torrencial aguacero de la madrugada del lunes 22 de marzo, ha puesto a la alcaldía a mirar para ese lado, como a toda la ciudad, y a notificarnos que existe y que tiene vulnerabilidades y problemas tan grandes que con el colapso de la loma podría, también, colapsar la ciudad.

Los turbulentos ríos de agua que vimos esta semana en los videos precipitarse por las calles de Siloé, las remociones en masa y las columnas y cimientos de viviendas volando sobre barrancos causan pavor y parecen advertirnos de la tragedia que puede venir en camino, si no se interviene rápido y se resuelve de fondo el problema.

Antes de esta advertencia de la naturaleza sobre dónde están buena parte de los líos de Cali, la atención de la administración estaba fijada (y aún lo está) en la remodelación de la tradicional Avenida Sexta donde ha decidido invertir $60.000 millones para embellecerle la cara a la ciudad, retomando un proyecto que la anterior administración no quiso ejecutar.

Esa inversión, en la cual seguramente se empleará casi el 10 % del empréstito de $650.000 millones --cuya autorización la administración patinó contra viento y marea el año pasado en el Concejo y después suscribió con una decena de bancos-- es lo que no les cuadra a muchos ciudadanos (incluidos concejales que la aprobaron), que no entienden cómo el gobierno caleño se gasta semejante platal en una remodelación que, siendo importante, no es prioritaria, cuando se le desmorona la ladera con 600 mil habitantes encima. Ese es el nuevo malestar ciudadano.

El propio alcalde dijo esta semana que resolver el problema de la ladera cuesta $500.000 millones de pesos. Por encima, porque creo que se quedó corto, ya que formalizar o reubicar invasiones, construir muros y sistemas eficientes de drenaje, recuperar fuentes hídricas, mitigar impactos ambientales, en fin, reordenar el territorio y su ocupación podría costar varios billones de pesos.

Sin embargo, la ladera no estaba en las prioridades del gobierno, entre otras cosas porque cualquier intervención que allí se haga no parece visible y rentable a los propósitos de imagen política y visión de ciudad moderna que quiere granjearse el gobernante con su manifiesta opción por las megaobras.

Pero la recuperación de la ladera es, en sí misma, la mayor megaobra que debiera acometer este y cualquier gobierno. Porque quedamos notificados que lo que tenemos allí es una verdadera bomba de tiempo, ya no solo por el estigma de la inseguridad que carga en encima, sino por la serie de riesgos urbanísticos, constructivos, económicos, sociales y ambientales, que ha significado su crecimiento irregular.

Dicen los conocedores que las entrañas de esas lomas están llenas de socavones abiertos y abandonados hace muchos años por la explotación de carbón y otros minerales que se hizo durante siglos. Son túneles que se llenan de agua, hacen inestable el terreno y podrían -Dios no lo quiera- producir un colapso inimaginable. Es apenas uno de los riesgos.

La amortiguación de las aguas producidas por precipitaciones torrenciales en la loma y desbordamientos de ríos y quebradas es prácticamente inexistente. Y es la parte plana la que recibe esa descarga como se evidenció esta vez. No hay un sistema de drenaje efectivo y con capacidad suficiente para recoger semejante volumen de vertimientos y transportarlos en forma segura por canales hasta su entrega a los ríos Cali, Cauca u otros afluentes.

El ingeniero Hugo Salazar Jaramillo, exgerente de obras de Emcali y amplio conocedor del tema, advierte que desde 1988 Emcali no actualiza el obsoleto Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de la ciudad y hacerlo toma entre 18 y 24 meses. Su implementación demorará mucho más. Y, por otro lado, el Plan Maestro de Servicios Públicos del Municipio –que es otra cosa- y está ordenado en el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, de 2014, tampoco se ha realizado.

Eso lo que quiere decir es que, en materia de planeación, el municipio de Cali sigue dormido y solo se despierta para ver cómo le hace la trampa al POT, como habría ocurrido en la desafectación sospechosa que hizo de un predio ambiental para permitir la construcción de 392 apartamentos en el norte, aledaños al río Cali.

Y como no hay proyectos fundamentales de desarrollo social, sino expectativas de concreto sin estudios ni diseños para las cuales ya se endeudó el municipio sin mucho sentido, entonces la ciudad no sabe bien para dónde va con su carga de problemas. Pero el gobierno tiene que gastarse la plata y contratar; entonces había que echar mano de la remodelación de la Avenida Sexta y darle otra platica a las barras del Cali y del América, y hacer otros gasticos menores porque lo grande aún no está. Y mucho menos lo importante.

El gobierno, insisto, debe hacer un alto en el camino y revisar su visión de ciudad y sus prioridades. Consultar las verdaderas necesidades de la ciudad y sintonizarse con la gente. Es válida una visión de futuro, un salto a la modernidad. Pero ¿cómo queremos modernizarnos si no hemos resuelto problemas fundamentales como el ordenamiento del territorio y la intervención que debe hacerse sobre él? Primero lo primero.

La ciudad es la gente, más allá del cemento y la infraestructura urbana, porque esta se encuentra al servicio de aquella y es para el disfrute de todos. Por ello, tenemos que construir bien el edificio de ciudad que queremos y que empieza por la gente, por su bienestar y desarrollo social.

Las grandes ciudades en el mundo se planean a 50 y 100 años por encima de los gobiernos de turno, para que puedan ser realmente sostenibles, ordenadas, funcionales y eficientes. Los urbanistas lo saben mejor. Pero aquí el plan de desarrollo del actual alcalde no tiene nada que ver con el del anterior, ni el de este con el que lo precedió y así sucesivamente. Porque hay una miopía política y una ambición personal y partidista que impide trabajar para el largo plazo y actuar con grandeza.

No deje, alcalde, que el malestar de la hora le robe el tiempo para hacer lo verdaderamente importante para Cali.

 

CALI24HORAS Marzo 25 de 2021

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