Hay que parar la ordeñadera
Por: Luiyith Melo García.
El cerebro de la defraudación contractual a Mintic también pensó en
Emcali. Por lo visto pensó en el país y buscó aliados para meter sus tentáculos
en lugares afines. Aquí los encontró. Curiosamente con la misma trapisonda de
Centros Poblados, pero esta vez haciendo uso de uno de los tantos tentáculos
del pulpo. Utilizando otra fachada empresarial y otro mandadero buscó y
consiguió socio y lo encontró en Emcali, una empresa bajo sospecha en sus
procesos contractuales que han sido poco transparentes durante el último año y
medio.
No parece una casualidad que en Bogotá hayan armado una propuesta
contractual con firmas creadas a última hora o modificadas de afán en su objeto
social para ganar una jugosa licitación de puntos de internet. Como
curiosamente también modificó su objeto social Emcali a finales del año pasado
con la anuencia del Concejo para buscar nuevos negocios en el mercado. Y allí
hicieron clic.
Tampoco sería casualidad que aquí tal como en Bogotá, el consorcio
ganador haya falsificado las cartas crédito con el mismo Banco Itaú para
mostrar un músculo financiero que no tienen y ‘garantizar’ la inversión del
Mintic y Emcali, y que ni allá ni aquí los funcionarios hayan confirmado ese
documento clave para embarcar a las entidades públicas en una negociación,
cuyos dineros se podrían perder precisamente por esa falsificación de la
garantía bancaria.
La excusa que han esgrimido los funcionarios, tanto en Bogotá como en
Cali, es que ellos presumen la buena fe de los contratistas y que no hay
suficiente equipo para verificar cada uno de los documentos que estos
presentan. Pues ni lo uno ni lo otro. Cuando se trata de negocios de esta
magnitud, la buena fe se verifica y los supervisores y el equipo revisor están
para hacerlo.
Lo que cuesta creer es que Emcali, como el Mintic, haya sido asaltada en
su buena fe. Difícil aceptar que cándidos funcionarios hayan sido timados por
audaces personajes que al parecer tienen una estructura logística que les
produce cartas y pólizas en serie para ganar licitaciones y contratos. Sobre
todo, cuando detrás está uno de los responsables del tristemente célebre
‘carrusel de la contratación’ de Bogotá y que ahora no ha tenido problema en
saltar la ‘Tapia’ para llegar a Emcali.
Aquí tienen que haber cómplices de la componenda. Y con todo lo que se
dice y se sabe de la prestidigitación contractual de personajes que actúan tras
bambalinas en Emcali, no resulta difícil sospecharlo.
Porque la verdad es que Emcali está bajo sospecha. El gerente no ha
rendido cuentas públicas y claras de lo que ha hecho la empresa, el modo en que
ha utilizado sus recursos en grandes y pequeñas obras, en contratación de
personal y servicios. Y ahora tiene sobre la mesa $800.000 millones para
supuestamente impulsar la reactivación económica en la ciudad con mejoramiento
de obras y servicios, y $180.000 millones más para un plan de pavimentación de
vías en la ciudad sospechosamente cedidos por la Administración local, algo que
siempre ha ejecutado la Secretaría de Infraestructura del municipio.
Pero, claro, su nuevo objeto social, que le abre puertas a otros
negocios, se lo permite. Por supuesto, son pavimentaciones que no hará Emcali
porque no lo sabe hacer ni tiene equipo técnico y humano para eso; entonces lo
tercerizará o subcontratará con otras empresas y se ganará la intermediación,
en detrimento del erario que alimentamos los caleños. Como ocurrió con el
contrato del call center con la ERT.
Mientras la competencia pública y privada arrecia con sus desarrollos
tecnológicos fortaleciendo sus capacidades, sus negocios y su posición
competitiva en el mercado, Emcali mira para el lado y se dedica a otros
negocios que tienen poco o nada que ver con su naturaleza. Ahí está su unidad
de telecomunicaciones marchitándose en un estancamiento tecnológico, sin visión
estratégica y con la peor atención y prestación de servicios del mercado, que
le hacen perder valor cada día. Subsistiendo de la unidad de caja empresarial
que paradójicamente sostiene Acueducto y Alcantarillado porque ni siquiera la
unidad de energía sobrevive por su cuenta en un mercado donde no genera un
kilovatio, sino que intermedia la energía para su clientela a costos atados al
capricho de las bolsas y los generadores.
No es posible que la primera y gran empresa de los caleños, la joya de
la corona y una compañía estratégica por los servicios que presta, se esté
diluyendo de manera inmisericorde en manos de la politiquería, desperdiciando
el talento humano de años que tiene o saliendo de él, desaprovechando su
infraestructura para acceder a oportunidades legítimas de crecimiento y volver
a convertirse en el soporte financiero del municipio, como lo fue hace más de
30 años, como lo sigue siendo hoy EPM con el municipio de Medellín.
Un informe especial de la Revista Semana de 1990 ubicaba a las Empresas
Municipales de Cali como una de las prestadoras de servicios públicos más
robustas y eficaces de América Latina. Tanto así que de otros países y ciudades
venían misiones de expertos a conocer “el secreto del éxito” de la entidad
caleña, entre ellas las hoy más exitosas Empresas Públicas de Medellín, EPM,
que en el año 2020 le transfirió recursos por $1,5 billones a la capital
antioqueña de sus utilidades. Desde hace años Emcali no transfiere un peso a la
Administración central del municipio porque estuvo intervenida. Su caja no le
da. En ese mismo 2020 Emcali con un patrimonio de $7,3 billones sólo produjeron
$89.866 millones de utilidades, apenas el 1,2 % de rendimiento patrimonial.
Pese a semejante caída sigue siendo la vaca lechera de la que muchos se
pegan para beber, así la vayan secando inexorablemente y pongan en duda su
futuro.
Hay que parar esa ordeñadera. Emcali necesita ser rescatada de los tentáculos del pulpo destructor. Urge un baño de ética y buenas prácticas de la mano de una visión estrictamente empresarial que la ponga en el camino que perdió antes de que fuera intervenida en el 2000 por obra y gracia de la politiquería. Y no quisiéramos repetir otra intervención.
CALI24HORAS, septiembre 30 de 2021
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