Aquí hay gato encerrado

 

 Por Luiyith Melo GarcíaTodo un misterio ronda el trámite del proyecto de acuerdo que pretende darle nuevas facultades a la EMRU, Empresa Municipal de Renovación Urbana de Cali, para hacer nuevos negocios.

El pasado 12 de septiembre la Comisión de Entidades Descentralizadas del Concejo abrió el estudio de la iniciativa en una sesión virtual de afán que no duró más de 10 minutos y ni siquiera se tomó el tiempo necesario para leer el articulado y conocer qué es lo nuevo que está proponiendo la alcaldía. Los iluminados concejales de la comisión decidieron declarar la “suficiente ilustración” y pasar por alto la lectura del proyecto.

Claro, con la decisión dejan entrever que ya lo conocen suficientemente, lo que resulta bastante curioso siendo una iniciativa que no es de su propia autoría, sino de la Alcaldía. Pero, sobre todo, nos dejan saber que no quieren que los demás concejales y ciudadanos que estuvieron pendientes de la sesión lo conocieran.

De allí en adelante, ha habido un sospechoso y enigmático silencio. Teníamos la confianza de que en los días siguientes se pudieran conocer y estudiar cada uno de los artículos del proyecto, que se abriera la participación ciudadana para que los ciudadanos, la academia y entidades interesadas pudieran exponer sus puntos de vista sobre la allí propuesto.

Once días después el presidente de la comisión Hernán Rodríguez, que no parece esforzarse mucho en su trabajo como concejal, no ha convocado a la primera reunión de comisión para continuar el estudio. Los ponentes Fernando Tamayo del partido Conservador y Carlos Arias del partido de la U tampoco parecen darse por enterados. Dicen que se la pasan viajando y no han podido aterrizar aún en el proyecto.

La comisión de Entidades Descentralizadas del Concejo se caracteriza por ser una de las más lentas y dinámicas, aseguran en el Concejo, lo que quedaría evidenciado con la negligencia mostrada con el proyecto de la EMRU hasta hoy. Otras fuentes conocedoras de las marrullas artimañas de los cabildantes que son lentos o diligentes según su conveniencia, sostienen que la no hay duda en la aprobación del proyecto en el que tiene un marcado interés el alcalde Jorge Iván Ospina, pero que se hará de manera exprés al final del actual periodo que expira en 7 días y a pupitrazo limpio.

Es decir, la posibilidad de que se abra un debate público y amplio para discutir un proyecto que algunos dicen que llegó envenenado al Cabildo, no va a ser mucha. Todo será sumario, simplificado. Incluso la participación de la ciudadanía y de los funcionarios que deberían responder por el proyecto como el secretario de Hacienda, Fulvio Soto; la secretaria Jurídica, María del Pilar Cano, el director de Planeación, Roy Alejandro Barreras y el gerente de la EMRU, Yesid Cruz.

Al final, no dudamos, habrá una nueva entidad que se denominará Empresa de Desarrollo y Renovación Urbana, EDRU, y conservará su condición de empresa industrial y comercial del estado.

La exposición de motivos del proyecto tiene 29 páginas, pero el articulado de

este proyecto de acuerdo 90 de 2021 solo tiene una extensión de 4 páginas en las cuales se enuncian las 14 actividades con que se modifica del objeto social de la EMRU.

En esa motivación ya se puede adivinar para donde va todo esto. Sostiene el alcalde que hay “necesidad de buscar una empresa que pueda competir no solo en el mercado local, sino nacional e internacional, así como en diferentes actividades económicas, además de la renovación urbana”. Pero no solo eso, también “se busca ampliar el objeto de la EMRU, para hacer de ella una empresa más competitiva, frente a otros agentes que están habilitados para ofrecer variedad de servicios en materia de ordenamiento y gestión territorial”.

Claro, lo que hoy existe en la EMRU -pese a los enormes servicios que le ha prestado a la administración central en la celebración de convenios interadministrativos para realizar contratos sin acudir a la licitación pública- es como dice el mandatario en la misma motivación, romper la “camisa de fuerza, que limita el aprovechamiento de nuevas oportunidades de negocio”.

No resulta exótico que Cali quiera tener una sólida empresa de desarrollo urbano como la tienen otras ciudades del país y que desde ella se pueda gestionar de mejor manera la nueva infraestructura de la ciudad. Lo que resulta ominoso en este caso es que la Alcaldía presente la propuesta de conformación de la nueva empresa y sus páginas queden enmochiladas en las gavetas del Concejo. Que no haya discusión pública de todas las partes interesadas y que se maneje maliciosamente el proceso para evadir la discusión y llegar finalmente a aprobar de afán y sin escrutinio lo que quiere la administración.

Esto no huele bien. Ya tenemos el antecedente de la transformación del objeto social de Emcali que, so pretexto de la modernización, se abrió a la posibilidad de realizar toda suerte de negocios, que es como decir abrirse a todo el abanico de la contratación que, a propósito, ya empieza a mostrar sus intenciones con el controvertido contrato entregado a la ERT por el que se pagaron más de $1800 millones de intermediación. Algo que pudo ejecutar por sí misma o contratar directamente Emcali.

No sabemos cuál sea el músculo administrativo, técnico y financiero de la EMRU para convertirse en EDRU. Ojalá que sea el necesario y suficiente para asumir los desafíos que exige la ciudad hacia adelante y no se convierte en un intermediario que funge de hacerlo todo sin poder hacerlo en realidad, como la Imprenta Departamental, y termine siendo solo el nuevo mandadero de la contratación púbica del municipio.

 

CALI24HORAS, septiembre 22 de 2021

Comentarios

Entradas populares de este blog

La vida ‘softwarizada’

Mi cuarentena 6

Cali, bajo intervención