“El periodismo no es el enemigo”
Por: Luiyith Melo García.
Así lo advirtió acertadamente hace unos meses la Fundación
para la Libertad de Prensa, al referirse al asesinato de periodistas y las
reiteradas amenazas y descalificaciones de las que son objeto por parte de
aquellos a quienes se critica o resultan encartados como fruto de las
investigaciones o revelaciones que se hacen, bien por el trabajo de los propios
medios o por el que realiza la justicia o los organismos de control.
En un sistema democrático como el nuestro, los medios de
comunicación están hechos para velar por el equilibrio y la justicia social.
Con ese objetivo hacen su trabajo y cumplen con el deber indispensable de
informar y de que también la ciudadanía pueda ejercer su derecho a informarse
sobre cualquier tema.
Como dijo el investigador mexicano René Ávila Fabila, “los medios deben cumplir el papel
de justo centro entre Estado y sociedad para explicarle a uno y a otra los
procesos sociales, los mecanismos políticos y económicos y los efectos dentro
de la población”.
Es decir, los medios
son “una suerte de árbitro que explica a cada extremo lo que ocurre. Juegan un papel
para analizar críticamente los resultados de la gestión estatal y las
necesidades y respuestas de la población”.
Solo en ese sentido el
periodismo, como un instrumento de la comunicación social, termina siendo un
‘acto político’. No politiquero, ni partidista, sino político en su concepción
más pura de procurar la convivencia colectiva en una sociedad libre que
resuelve sus asuntos de acuerdo con la legitimidad y el orden establecido.
Bajo esos criterios es
que el periodismo libre ejerce su labor con sentido crítico constructivo y
desvela la corrupción, la violencia, el crimen y la impunidad.
Con esas
consideraciones se abrió paso hace justamente un año este diario vespertino y
digital CALI 24 HORAS que encontró en el periodismo libre, independiente,
crítico y equilibrado la posibilidad de cumplir un papel protagónico y de
servicio público en nuestra ciudad.
Los hechos
desencadenados durante estos 12 meses, manejados aquí por periodistas de vasta
experiencia, nos han dado la razón. Nuestro carácter autónomo nos ha permitido
investigar y hacer reportería independiente para dar una respuesta informativa,
no solo reactiva sino anticipatoria, a las crisis generadas en la ciudad durante
este tiempo.
Las advertencias
oportunas sobre lo que se estaba tramando con la Feria de Cali, el
alumbrado público y la contratación de Emcali en el Gobierno caleño el año pasado son una muestra de ello. Pese
a las continuas descalificaciones de los afectados, el tiempo y los órganos de
control terminaron por darnos la razón.
El seguimiento al
estallido social y el vandalismo que generó el paro del 28 de abril cubierto
desde adentro y desde afuera, incluso con periodismo de inmersión para mostrar
lo que pasaba en su
interior, permitió a nuestra audiencia de Cali y
fuera de ella, conocer nuevas y reales aristas del más duro conflicto social de
los últimos años en la ciudad. Medios en Bogotá reconocen que se informaron
mejor de lo ocurrido aquí a través de CALI 24 HORAS.
No se trataba solo del registro de hechos, sino de poner en evidencia la
actitud dubitativa y negligente del Gobierno para reaccionar,
desvelar mecanismos poco ortodoxos de relacionamiento institucional y todo el
laboratorio de violencia a que fue sometida la ciudad durante varias semanas,
que luego las autoridades terminaron por confirmar.
Muchas veces, como
dicen los estudiosos de la comunicación, los gobiernos
tienden a no actuar si no existe una presión de los medios y de las opiniones
públicas. Incluso en casos en los que los medios, como reflejo también de la
opinión de la población, ejercen cierta presión, la respuesta de los gobiernos
es tardía. Y eso fue lo que ocurrió en
Cali.
O, por otro lado, no les gusta la transparencia y quieren pasar de
agache, con prácticas indebidas o
inconvenientes que rayan en la corrupción, con la contratación pública y la
gestión administrativa. Es allí donde se genera lo que también los estudiosos llaman
‘el silencio opaco’, responsable de corrupción e injusticias no denunciadas,
bien por los propios órganos de control del Estado o bien por los mismos medios
de comunicación, algunos porque están cooptados y otros porque no están
enterados.
Es por eso que los medios de comunicación y las organizaciones
ciudadanas debemos asumir el compromiso de desterrar este ‘silencio opaco’ de
entre nosotros y clamar por los más vulnerables, que son en definitiva los más
necesitados.
Con ese norte, el diario vespertino digital CALI 24 HORAS llega a su
primer año e inicia el siguiente teniendo clara cuál es su misión periodística
y su compromiso con la ciudad y sus gentes. ¿Quién dijo que era una misión
cómoda y fácil? No lo es. No somos el enemigo. Por el contrario, somos amigos
de la democracia y de la justicia social. Pero la misión debe contar con el
acompañamiento de la denuncia ciudadana y el compromiso de todos los estamentos
para defender el orden y la convivencia colectiva.
CALI24HORAS, septiembre 2 de 2021
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por comentar