Bolsillo sin fondo

 

Por:  Luiyith Melo García.

Un bolsillo sin fondo demandando plata de aquí y de allá que no se sabe bien en qué se va a gastar, parece el erario caleño. Con tanta necesidad que tiene la ciudad y esa platica embolsillada nada que resuelve el problema, al menos el más urgente, que es el de la alimentación y supervivencia de muchos y la reactivación de sus empleos e ingresos.

La primera embolsillada fue un crédito por $650.000 millones girado como un cheque en blanco por el Concejo al alcalde en el 2020, que un año después no se invierte efectivamente ni produce empleos ni ingresos porque desde un principio no estaba claro en qué se iban a invertir.

En diciembre pasado, también el Concejo le aprobó al alcalde vigencias futuras por $93.000 millones para su proyecto estrella de Cali Inteligente, estudios del bulevar de San Antonio, la modernización tecnológica y hasta para financiar el PAE y la descontaminación de fuentes hídricas superficiales. Del impacto económico de estas inversiones no sabemos nada porque la Administración no rinde cuentas y solo anunció que el bulevar de San Antonio ya no va.

Luego la Administración raspó la olla hace poco con $13.147 millones más de un saldo que quedó de un viejo crédito del gobierno pasado para infraestructura en educación y que esta Alcaldía decidió que iba a utilizar para inversiones en salud.

Mañana está previsto aprobar en el Concejo una nueva solicitud de vigencia futura ordinaria para el pago de los servicios integrales de aseo y vigilancia de los establecimientos a cargo de las secretarías de Educación y Bienestar Social por $27.500 millones, recursos de funcionamiento que deberían haberse incluido en el presupuesto ordinario aprobado para este año. ¿Por qué no se incluyeron? ¿En qué se está gastando la platica la Administración que no le alcanza para pagar estos gastos ordinarios de funcionamiento?

Y cuando se esperaba un plan masivo de empleo para darle la mano a tanto necesitado en medio de la pandemia, de nuevo la Administración hace fiesta con sus convenios interadministrativos, esta vez entre la Secretaría de Infraestructura y Emcali por más de $188.000 millones para ejecutar el plan bicentenario de pavimento en la ciudad. ¿Será que esa inversión no habría podido manejarse mejor para generar un impacto social en una serie de contratos públicos abiertos y transparentes que generaran mano de obra no calificada en los barrios para la pavimentación de los 400 kilómetros que se propone realizar?

La ciudad sigue esperando que las inversiones del Gobierno le den una manito a la gente y ayuden a impulsar la anhelada reactivación después de año y medio de pandemia y no se vayan a otros bolsillos.

Pero no. Siguen embolatados 241.000 empleos, según cifras del DANE. La economía se ha ido recuperando gracias a la iniciativa privada y al esfuerzo y a la resiliencia de muchos caleños, pero el motor de la inversión y el gasto público no se ve. Las perspectivas económicas de mediano plazo son positivas porque se están logrando indicadores similares a la prepandemia. Pero aún hay un sector moribundo en la base popular que no encuentra el rumbo y no ha podido recuperar sus pequeños negocios o generar unos ingresos mínimos. Y, claro, a esta gente no le queda más que acudir al rebusque para sobrevivir. En Cali ya son más de 598.000 informales, casi la mitad de la población ocupada.

Todo esto produce un pesimismo generalizado en los ciudadanos y así quedó reflejado en la encuesta del programa Cali Cómo Vamos. El 66,3 % de los caleños piensa que las cosas en la ciudad van por mal camino y eso no solo es una percepción de su entorno socioeconómico, sino un indicador de su propia situación personal. Y es que las cosas para el 48 % de los caleños ha empeorado durante el último año.

En febrero pasado el 71,7 % había perdido su empleo por causa de la pandemia y hoy todavía el 60 % no consigue trabajo. Como es de esperarse, para la mitad de los caleños los ingresos actuales de su hogar no alcanzan a cubrir los gastos mínimos. Peor aún -y esta es la evidencia del drama social- el 28,3 % reconoció que comió menos de 3 veces al día por falta de alimentos durante el último mes.

Sin embargo, el Fondo Solidario aprobado hace cinco meses (y ya era tarde) con la urgencia de darle una mano a los emprendimientos destruidos el año pasado durante la pandemia y el estallido social, aún no desembolsa el primer peso. Todavía no entrega el primer crédito o subsidio para calmar el hambre de los que hacen fila tras la ayuda prometida.

Lo que debió ser una asistencia de emergencia -como cuando un sismo, una creciente o un derrumbe arrasan la vivienda- aquí no llegó, a pesar de que la tragedia socioeconómica vivida se asimilaba a las tres tragedias a la vez.

El auxilio oportuno se disipó en la ineficiencia y el enredo burocrático o, peor aún, en el cálculo político de cómo sacarles provecho electoral a esos pesitos y para eso sería conveniente esperar unas semanas más a que madure la campaña. Por eso aún no llegan los recursos. Llevan cinco meses buscando un operador financiero que coloque los dineros y quién sabe si también escogiendo con lupa a los beneficiarios.

Son $50.000 millones de un Fondo Solidario, que no es mucho para aliviar tanta necesidad de miles de desamparados, pero sí suficiente para tentar el bolsillo sin fondo de muchos políticos.

CALI24HORAS, octubre 21 de 2021

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