El empleo no da espera

 

Por Luiyith Melo García

 

Como si algo le faltara a la tragicomedia que vivió Cali durante los últimos dos meses, ayer el DANE reportó que 54 mil caleños perdieron su empleo durante el sitio a que fue sometida la ciudad por cuenta de los bloqueos y la dura arremetida del vandalismo, que provocó la mayor destrucción que hayamos sufrido aquí en lo que va del nuevo siglo.

La noticia de la destrucción de empleo y desarrollo era previsible y ayer la confirmó el Departamento Nacional de Estadística. El desempleo que en abril pasado era del 19,9 % un mes después subió a 24,3 %, un desmesurado incremento en tan corto tiempo que pone de presente el grado de desplome de la ciudad.

Lo peor es que fue la única de las cinco principales ciudades del país que aumentó el nivel de desocupación, porque claramente Cali fue el epicentro del estallido social y el vandalismo en mayo cuando se hizo la medición. El efecto es que hoy en la ciudad hay 337.000 ciudadanos sin empleo, cuando en abril pasado eran 283.000.

El impacto del bloqueo fue el equivalente a la pérdida de dos semanas de producción, según el análisis de la Cámara de Comercio de Cali, y eso corresponde ni más ni menos que a 4 billones de pesos. Un golpe brutal para nuestra economía. Por ejemplo, el consumo de energía de las empresas cayó 44 % en mayo cuando en abril había caído 27 %, lo que muestra la manera como se vino abajo la producción. No había insumos suficientes, así como escaseaban los alimentos.

Evidentemente, la mirada frente a lo que sucedió en los últimos 60 días en Cali debe ser más amplia y no solo circunscrita al impacto muy grave que generó en la economía. En efecto, también están los impactos urbanos, social, emocional, sicológico y político del estallido y sus daños colaterales. Lo que ocurre es que cuando hay inactividad el primero que sufre es el estómago, se afecta la producción, el empleo y los ingresos de la gente.

Aunque el impacto positivo de los bloqueos se pueda medir por el cumplimiento de objetivos políticos que persigue, el costo económico que pagan las empresas y la sociedad, y que se ve como un daño colateral, es lo primero que se siente.

Evaluar ahora el impacto político del levantamiento social aún no es claro, porque no hay suficientes elementos de medición para establecer resultados. Si se mira por la caída de las reformas tributaria y a la salud, se podría decir que los hubo. Pero como luego de la caída de esas reformas la protesta prosiguió con propósitos disímiles, más amplios y a veces poco claros, pues los resultados aún están por verse.

Ahora, en relación con el impacto económico que es lo que se evidencia y se puede medir a corto plazo, los resultados se están viendo ya, con el nutrido ejército de desempleados, la ruina de pequeñas empresas, y la destrucción de puestos de trabajo en medianas y grandes empresas.

El desafío que le queda a la ciudad y su tejido empresarial es lograr recuperar los empleos perdidos y la dinámica económica. Claro que para lograrlo es necesario que se recupere la actividad productiva de las empresas, pero también los bienes públicos como el sistema de transporte masivo que quedó destrozado, la movilidad de las personas, la dinámica social que también da vida al empleo informal, y que se generen desde el Estado condiciones para revivir los negocios moribundos que en Cali son el andamio de nuestra economía de servicios. La que más ingresos genera.

Por eso aún no se entiende cómo el Fondo Solidario creado por la Alcaldía no se acelera, cómo los apoyos no llegan pronto a quienes debe llegar. Cómo las pequeñas y grandes obras públicas llamadas a generar empleo rápido en esta coyuntura no gozan del impulso y energía que se le imprimió a la figura de la urgencia manifiesta del municipio para contratar directamente durante estos meses de emergencia. De esa contratación aún no tenemos noticia.

Levantarnos del golpe brutal de estos dos meses no va a ser fácil ni rápido. Nos va a tomar más tiempo que al resto del país porque aquí el daño fue mayor. Pero hay que empezar pronto, y si es necesaria la ayuda nacional e internacional y agilizar aquí los mecanismos contractuales para lograrlo, hay que hacerlo siempre que se tramiten sobre la mesa y bajo la más absoluta transparencia. Pero los más de 300 mil ciudadanos que andan como zombis buscando en qué emplearse para sobrevivir no dan espera.

 

CALI24HORAS, julio 1 de 2021

 

 

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