Cuidao en la calle, cuidao en la acera…

 Por Luiyith Melo García

En Cali ya no sabemos a qué le tememos más: si a la pandemia o a la inseguridad. Si a morirnos de covid o en un atraco callejero. Salir a la calle se ha vuelto una aventura, casi una osadía, porque no sabemos lo que nos espera en el andén o a la vuelta de la esquina. Y en un abrir y cerrar de ojos nos puede cambiar la vida.

Me parece estar escuchando a Rubén Blades advirtiéndonos: “cuidao en el barrio/ cuidao en la acera/ cuidao en la calle/ cuidao donde quiera/ que te andan buscando” … Y no precisamente por nuestra mala maña, sino por nuestro celular. Por el reloj o la cadena de oro, por la bicicleta o por cualquier cosa que uno lleve encima.

Olor a hombre/… hay una peste a hombre en la calle/ Sal si puedes, camará” …

No podía ser más profético el poeta de la salsa para estos tiempos de zozobra, con la diferencia de que mientras las patrullas de ‘la seguridad’ esculcaban todo ese Bronx ochentero detrás del bandido, en la Cali del nuevo siglo los bandidos son los que esculcan las calles sin patrullas y todo recoveco para saltar sobre su presa en cualquier momento.

Y eso que dizque tenemos más de 600 frentes de seguridad en una red extendida por 265 barrios supuestamente conectados con la Policía para prevenir el delito. Solo hasta este martes, --un par de días después que el alcalde saliera a proponer la creación de esos grupos para constituir una red de defensa o lucha ciudadana contra la delincuencia en Cali, como si no supiera que esa red ya si existía-- nos vinimos a percatar de su existencia cuando reportaron en algún medio una supuesta captura de un ladrón por cuenta de la acción de uno de estos frentes de seguridad.

Curiosa, por lo menos, la muestra de efectividad de la red en un caso delictivo, sobre cuya conformación anunciada el domingo como novedosa por el mandatario caleño se despertaron las mayores preocupaciones. Porque tal como empezó proclamándolas sonaron a organizaciones tristemente célebres de autodefensa ciudadana surgidas hace años en tierra antioqueña que no terminaron nada bien.

El florero de Llorente que desató el anuncio gubernamental y toda esta polémica lo constituyó el homicidio del joven ingeniero y deportistas Felipe Tobón, quien fue apuñalado el domingo en la mañana de camino al cerro de las Tres Cruces, al presuntamente oponerse al intento de violación de la mujer que lo acompañaba.

La ciudad se levantó, eso sí en las redes sociales y en los medios de comunicación, contra ese horrendo crimen que coronaba una serie de atracos y agresiones a los caminantes de esa loma. Ya habíamos visto por esas mismas redes dos días atrás las fotos de Sebastián Pérez y … que quedaron como nazarenos por la golpiza que les propinaron tres individuos (quién sabe si los mismos homicidas de Tobón), para quitarles sus pertenencias.

Esta explosión de protestas demandando seguridad a la Policía (que entonces sí fue capaz de ir por los criminales a su guarida) y los reclamos al gobierno caleño impulsaron la reacción del alcalde, quien anunció medidas por Twitter como suele hacerlo: “Debemos actuar de otra manera, los criminales ganan fuerza y la capacidad resolutiva es limitada. Es necesario crear Brigadas y Redes de Seguridad ciudadana. Desde mañana a organizarnos a nivel de barrio pero tenemos que cuidar la vida”, trinó al final de ese domingo.

Algunos seguidores le recordaron que ya los frentes de seguridad existían, pero “no les paran bolas”. Otro dijo que le parecía “vergonzoso que haga una propuesta tan cercana al fascismo” y agregó: “le recuerdo que así nacieron las Convivir”. Alguno más indicó que en su comuna hay 13 frentes de seguridad, pero que “no más cámaras de seguridad sin motos”. En fin…

Las motos (con agentes) que se reclaman para vigilancia parecen despertar hoy más miedo que una pistola, cuando en ellas anda una pareja de hombres. Así lo reconoció hace unos días a este diario el propio secretario de Seguridad y Justicia, Carlos Rojas. Se han convertido en el principal instrumento de intimidación y asalto a los ciudadanos por su versatilidad para moverse y el casco oculta la identidad de sus tripulantes. Ellas han permitido bautizar un nuevo tipo de criminal que son los ‘motoladrones’. Y, sin pretender estigmatizarlas, les roban la tranquilidad a peatones y a conductores cuando escuchan su motor o se acercan sigilosas a su lado, sobre todo en un semáforo.

La actitud reactiva del alcalde, más coyuntural que planificada, nos está dando una idea de la manera como se piensa y se maneja la seguridad en Cali. La baja ejecución presupuestal del año pasado en ese campo con la disculpa del secretario Rojas de que iba despacio para evitar alguna investigación en su contra por contratar, también da otro mensaje. Y el recorte presupuestal para este año con un tímido ajuste de última hora que deja el presupuesto de seguridad de Cali de 2021 en las mismas platas del 2020, nos notifica que ese tema no es una prioridad para este gobierno.

El problema para el gobierno es que la seguridad sí es una prioridad para el 73 % de los ciudadanos, según el último estudio del programa Cali Cómo Vamos. Más que el empleo muchas veces y la salud amenazada por el covid, porque la inseguridad les sigue robando la tranquilidad y la vida. Pero las urgencias del gobierno, evidenciadas en su plan de desarrollo y su plan anual de inversiones, van por otro lado.

Como dijo el padre del joven Felipe Tobón, la más reciente víctima fatal de este desastre: “de qué nos sirve un retén en la Avenida Sexta con 47 si por allí pasamos los ciudadanos”. Los delincuentes tienen sus laberintos, se esconden en otro lado. Y contrario a esta historia musical de Rubén Blades, no son los de ‘la seguridad’ los que andan buscando al tipo mala maña, sino los ‘juanitos alimaña’ los que buscan a los ciudadanos para bajarles lo que tengan y cometer sus fechorías. A ver si las sirenas y los ojos de halcón de la seguridad van por ellos.


CALI24HORAS Abril 24 de 2021

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La vida ‘softwarizada’

Mi cuarentena 6

Cali, bajo intervención