La apuesta política de la ‘primera línea

 

Por Luiyith Meo García

El anuncio de los jóvenes de la ‘primera línea’ de convertirse en partido político ha levantado una polvareda por lo que habría detrás y todo lo que ello significa para una ciudad y un país que han tenido que padecerlos.

Surgieron como parte de una estrategia de lucha en las manifestaciones y los bloqueos generados desde el 28 de abril, en la cual había primera, segunda, tercera y hasta cuarta línea, como en una organización militar.

La ‘primera línea’, como se sabe, es la que va adelante, la que pone el pecho y también las mayores víctimas en un enfrentamiento. Son los peones del ajedrez. Y esa significación de coraje y denuedo en el combate le ha dado prestigio en el llamado estallido de los jóvenes, entre otras cosas, porque representan la pobreza y marginalidad extrema que los impele a exponer su vida ya que no tienen nada que perder.

Algunos, alistados por convicción política, otros por necesidad económica a cambio de remuneración, son todos la punta de lanza de una lucha que se nos ha dificultado distinguir, porque al lado de sus justas pretensiones sociales se alinean los injustos delincuentes antisociales que defienden intereses perversos y quieren sembrar la anarquía.

Tal vez por eso, ahora que anuncian la conformación del partido político de ‘La primera línea’ para tomar distancia de las vías de hecho, se valora que entiendan que el camino es por las vías del derecho en una democracia imperfecta, pero aun formalmente existente, como la nuestra.

Por supuesto que la participación política es más sensata que la dinámica belicista que traían y, de todas maneras, no está exenta de riesgos. Su principal problema, por lo que pudimos conocer en el reportaje a la ‘primera línea’ que publicó ayer este diario, es su falta de organización.

La estructura orgánica es precaria, más aún, parece no existir. Ellos mismos confiesan que no todos se conocen entre sí porque las capuchas que les cubren los rostros -quién lo diría-, también funcionan para ellos. Así que ni estructura ni liderazgo definidos.

El temor a exponer sus rostros, a visibilizarse e individualizarse ante la sociedad y los organismos de inteligencia del Estado no les permite despojarse de sus caretas. El anonimato es el seguro para ellos hasta ahora y no parece que tengan garantías institucionales de que sea de otra forma. Allí hay una gran debilidad porque la política se hace de frente, de cara al pueblo y defendiendo abiertamente propuestas ante el país.

¿Cómo lograrán, entonces, dar el salto hacia la visibilidad y la confianza? He allí un escollo para el ejercicio seguro de su actividad.

El otro escollo es el repudio de la gente que ha tenido que padecer los bloqueos y desafueros que ha representado la ‘primera línea’ en esta dinámica de violencia, así no sean los únicos responsables.

Apenas anunciado su proyecto político, anoche recibí en el WhatsApp comentarios como que “no hay derecho que hayan destrozado impunemente esta ciudad para hacer política”, “yo no voto por encapuchados y vándalos” o “en política gamines que dan patadas voladoras por la espalda a una mujer policía... es difícil entender eso”.

Hay una evidente antipatía frente a quienes han tenido que padecer el vandalismo y las acciones violentas de los últimos dos meses en Cali. Pero esa es la democracia participativa que tenemos en Colombia y que los demócratas defienden como la manera más acertada de tramitar las diferencias.

 No sabemos hasta qué punto es conveniente el surgimiento de un nuevo partido más entre la maraña de 18 partidos políticos que tienen personería jurídica en Colombia, según el Consejo Nacional Electoral. Si ellos quieren fundar uno nuevo es porque las organizaciones partidistas existentes no parecen interpretarlos, lo cual es una lástima porque allí los partidos tendrían no solo una cauda electoral muy importante, sino una nueva perspectiva histórica de trabajo por un mejor país.

Lo cierto es que por fuera de ese escenario político-electoral los jóvenes tienen otros caminos para canalizar sus anhelos de oportunidades, bienestar y desarrollo como el Consejo Nacional de Juventud, que precisamente tendrá por primera vez el próximo 28 de noviembre la elección de los consejos locales y municipales de juventudes.

Claro está que esta es una instancia que debe contar con toda la atención del gobierno y una política pública de juventud para que pueda ser efectiva.

Para muchos queda la sospecha de quién estaría detrás y a quién interesaría constituir el partido político de la ‘Primera línea’, con tanta izquierda y tanta derecha polarizada, y tanto centro descentrado, todos los cuales no parecen haber sido capaces de interpretar a los jóvenes ni su estallido social. Pero, también, con el riesgo de otras tantas dinámicas oscuras interesadas en penetrar la institucionalidad que ojalá no logren cooptar esta fuerza juvenil para sus propios intereses.

En Cali, el hecho de que el alcalde haya sido tan condescendiente y negociado con la ‘primera línea’ por encima de sus responsabilidades constitucionales en pleno estallido, no deja de despertar sospecha ahora que se anuncia este salto político. Y hay quienes se preguntan si esta no sería una nueva jugada suya en el complejo ajedrez de la política colombiana.

 

CALI24HORAS, julio 22 de 2021

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