Si la sal se corrompe…
Por: Luiyith Melo García.
El
desgreño y la corrupción estatal que nos ofrece nuestra realidad superan cada
vez más la imaginación. No terminamos de sorprendernos con una novela de
timadores del erario cuando aparece la siguiente con una trama tanto o más
sorprendente que la anterior.
Veníamos
de una larga historia de juegos dudosos con la licitación y contratación de los
puntos de wifi del Mintic con el consorcio Centros Poblados, donde ocurrió de
todo: desde empresas inexpertas contratadas con asesores de dudosa reputación
-pese a las oportunas advertencias- hasta pólizas bancarias falsas que
terminaron por no respaldar la pérdida de $70.000 millones dados como anticipo
en un jugoso contrato de $1,2 billones por el Ministerio de las TIC.
La
ministra Karen Abudinen terminó renunciando por la presión política y mediática
-aunque no se quería ir- pero sus actuaciones dudosas siguen intactas y a la
espera de lo que puedan decidir los órganos judiciales y de control.
Esa
novela no se cierra, cuando se abre otro capítulo de otra tragicomedia
protagonizada por el exsenador Ríchard Aguilar y el país se sorprende esta
semana con las declaraciones en cámara de televisión, de un par de esposos que
le sirvieron de cómplices en los millonarios negociados que hizo cuando fue
gobernador de Santander.
Videos
muestran bultos de billetes que serían parte del pago de las coimas pactadas
con los contratistas al mandatario y funcionarios implicados en ese carrusel de
corrupción, mientras los esposos arrepentidos cuentan la manera en que
direccionaban los contratos y disponían las comisiones, y cómo en todos ellos
iba el ‘director de orquesta’ con por lo menos el 10 %.
Pasamos
a la parroquia y el alcalde de Jamundí nos sorprendió esta semana denunciando
otro supuesto hecho de corrupción dentro de su propia administración: la
pérdida de 969 dosis de vacunas del Hospital Piloto del municipio. El hecho se
habría detectado el pasado 14 de julio, pero apenas lo hizo público esta
semana, en una especie de contraataque contra quienes denominó “detractores” de
su gobierno y en un afán por evitar que “se aprovechen de lo más importante
para nosotros”, según dijo. Uno entendería que de otra manera no habría hecho
pública la denuncia.
Ayer,
vivimos otro capítulo de esta novela de desgreño y aprovechamiento del erario con
la denuncia que hizo el abogado Élmer Montaña contra el personero de Cali
Hárold Cortés quien, en medio de la pandemia y la urgencia de recursos para
atender la emergencia de tanta gente enferma, desempleada y con hambre, habría
hecho una suntuosa compra de equipos de oficina por $1.663.892.340 para
remodelar su dependencia, incluida una silla imperial de $2.550.000.
Carísimos
equipos de cómputo de última generación, tabletas, cámaras, lentes, portátiles,
impresoras, un televisor de 85 pulgadas y una larga lista de implementos
aparecen en la factura de compra.
Se
entiende que las oficinas deben estar dotadas de herramientas para su
funcionamiento. Pero además de la compra aparentemente inoportuna del
personero, la denuncia de Montaña apunta a que los precios de la factura y los
del almacén no cuadran. Y que en esa operación habría un sobrecosto del orden
de los $400 millones.
Más
aún, por qué se utiliza una entidad pública como la Imprenta Departamental como
intermediaria para la compra, cuando es bien sabido el costo de intermediación
que eso implica. ¿O es que hay otro negocio de por medio?
El
personero no compra de manera eficiente y parece seguir el ejemplo de sus
vigilados en la Administración central que montan convenios
interadministrativos para evadir licitaciones públicas y hacer contratos a su
amaño, caminando por el filo de la ley y sin mayor asomo de transparencia en
esos negocios.
De
hecho, ahora mismo cursa en el Concejo un proyecto de acuerdo para darle
facultades amplias a la Empresa de Renovación Urbana, EMRU, que cambiará de
nombre para ampliar el margen de maniobra de sus negocios como se hizo con la
ampliación del objeto social de Emcali el año pasado.
El
problema es que si un órgano como la Personería que representa el Ministerio
Público, encargado de la defensa de los derechos humanos y con la función de
promover la acción de la justicia, defender la legalidad y los intereses del
Estado y la sociedad, se comporta como derrochón, qué se puede esperar de los
demás funcionarios. Con qué autoridad moral puede controlarlos, vigilarlos y
sancionarlos si el mal ejemplo entra por casa.
¿Cuándo
terminaremos de recorrer una y otra vez ‘La historia interminable’ que parece
ir en sentido inverso como en la novela de Michael Ende? ¿O acaso debemos seguir
padeciendo el infierno de la corrupción antes de alcanzar el paraíso, como en
‘La Divina Comedia’ de Dante?
¿Qué
podemos esperar los ciudadanos si quienes tienen el deber de defender nuestros
derechos y patrimonio público se dedican a esquilmarlo? Como en el pasaje
bíblico: si la sal se corrompe, entonces se corrompe el mundo.
CALI24HORAS,
septiembre 16 de 2021
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